El emblemático Jardí del Silenci de Gràcia vive días de tensión. Un proyecto de reforma impulsado por familias del colegio Teixidores divide a quienes gestionan este oasis verde. El Ayuntamiento ya tiene un anteproyecto sobre la mesa. El debate sobre el uso del espacio se intensifica.
El Jardí del Silenci, uno de los rincones más apreciados de Gràcia, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que afecta tanto a quienes lo cuidan desde hace más de una década como a las familias del colegio Teixidores, situado justo enfrente. La propuesta de reforma, que incluye una nueva área infantil y una reorganización del espacio, ha generado inquietud entre los voluntarios de Salvem el Jardí 2014, la entidad que ha protegido este jardín desde 2014.
La iniciativa, impulsada por la Asociación de Familias de Alumnos del Teixidores y respaldada por más de mil votos en la plataforma decidim.barcelona, cuenta con un presupuesto de 500.000 euros y el apoyo del Ayuntamiento. El anteproyecto plantea trasladar el huerto, crear una zona polivalente y sacrificar parte del área donde actualmente crecen cactus y suculentas, algunas con décadas de historia. Para los miembros de Salvem el Jardí 2014, estos cambios suponen una amenaza directa a la esencia y el equilibrio del espacio.
Este fin de semana, el Jardí del Silenci late con más fuerza que nunca. Los voluntarios que han cuidado cada cactus y cada semilla durante doce años sienten que su obra puede desvanecerse bajo el peso de un proyecto que, aunque bienintencionado, amenaza el alma misma del lugar. Frente a ellos, familias del Teixidores sueñan con un rincón para sus hijos. Entre banderas verdes y propuestas de consenso, Gràcia contiene el aliento: ¿sobrevivirá el silencio de este jardín al ruido de la ciudad?
La tensión ha ido en aumento tras la presentación del anteproyecto a ambas partes, en reuniones separadas. El próximo encuentro, previsto con el distrito de Gràcia, se anticipa complicado. Los voluntarios temen que la reforma ponga en peligro el convenio anual que les permite gestionar el jardín, y denuncian que el Ayuntamiento ha condicionado su renovación a la aceptación del nuevo plan. Recuerdan que, hace doce años, la lucha vecinal salvó este terreno de la especulación inmobiliaria y que cada rincón del jardín tiene un significado especial para el barrio.
Desde la AFA de Teixidores defienden que el rediseño busca abrir el espacio a todo el vecindario, especialmente a los niños, y aseguran que el proyecto respeta el carácter verde del jardín. Insisten en que no han cuestionado la continuidad de Salvem el Jardí 2014 en el cuidado del espacio, aunque reconocen que la reforma supondrá cambios importantes en su uso y distribución.
El debate no solo enfrenta a dos colectivos, sino que también ha movilizado a otros centros educativos que utilizan el jardín en horarios rotativos. Mientras tanto, los voluntarios de Salvem el Jardí 2014 preparan reuniones con sus más de 800 asociados para decidir cómo responder ante la inminente transformación. La sensación de que el proyecto municipal seguirá adelante, aunque con posibles ajustes, pesa sobre quienes han dedicado años a preservar este oasis urbano.
El Jardí del Silenci no es solo un espacio verde; es un símbolo de la resistencia vecinal en Gràcia. Su historia está marcada por la defensa colectiva frente a la construcción de viviendas y aparcamientos en el solar que antes ocupaba un convento. Cada planta, cada rincón, ha sido cuidado por manos voluntarias que han convertido el jardín en un refugio para el barrio. La actual controversia pone de manifiesto la complejidad de gestionar espacios urbanos compartidos y el valor que la ciudadanía otorga a su patrimonio verde.