El evento volvió a reunir a decenas de miles de asistentes, confirmando su peso dentro del calendario nacional. En ediciones recientes ha superado los 47.000 visitantes y ha congregado a más de 200 expositores, cifras que se reflejaban en los pabellones llenos y en el constante ir y venir de público entre escenarios, stands y zonas temáticas.
El ambiente era una mezcla de feria, festival y punto de encuentro. En una zona se escuchaban los mandos de consolas y recreativas; en otra, exhibiciones de artes marciales captaban la atención del público; más allá, los escenarios vibraban con actuaciones de K-pop que convertían el espacio en una pista improvisada.
El cosplay volvió a ser uno de los grandes motores del evento. No solo por el concurso, donde el nivel técnico y la puesta en escena sorprendieron, sino por la presencia constante de personajes caminando entre el público. Detalles cuidados al milímetro, interpretaciones y una comunidad volcada. La zona de reparación de trajes, gratuita, funcionó como un pequeño cuartel de emergencia que no dejó de recibir visitas.
A todo ello se sumaron invitados internacionales, firmas, encuentros y espacios dedicados a artistas independientes, que aportaron nuevas voces y miradas.








