Barcelona vive un febrero inusualmente cálido por octavo año seguido. El frío apenas se deja sentir y la ciudad experimenta temperaturas más propias de la primavera. El invierno tradicional parece desvanecerse. Descubre cómo afecta esto al día a día.
El invierno en Barcelona parece haberse esfumado. Febrero, ese mes que solía traer bufandas y abrigos, se ha convertido en una extensión anticipada de la primavera. Por octavo año consecutivo, la ciudad experimenta temperaturas que superan con creces lo habitual, alterando rutinas y sensaciones de quienes viven y trabajan aquí.
La media de febrero en la ciudad, según los registros más recientes, ronda los 9,4 ºC. Sin embargo, desde 2018 no se ha vuelto a sentir un febrero realmente frío. Aquel año, la temperatura media cayó a 6,7 ºC y la nieve sorprendió tanto en el centro como en las playas. Desde entonces, los termómetros no han dejado de subir, y el recuerdo de la última nevada se va desdibujando entre días soleados y suaves.
El caso más extremo fue el de 2024, cuando la media mensual alcanzó los 13,4 ºC, una cifra más propia de abril que de pleno invierno. Este febrero de 2026 tampoco se queda atrás: a falta de una semana, la temperatura ya se sitúa dos grados por encima de la media. Aunque no igualará el récord absoluto, se perfila como uno de los febreros más cálidos de la serie histórica.
Eso no significa que el frío haya desaparecido por completo. De vez en cuando, algún día aislado recuerda el invierno de antaño. En 2023, por ejemplo, una irrupción de aire gélido trajo nieve a Collserola y a los barrios altos, marcando el día más frío de los últimos ocho años. Sin embargo, estos episodios son cada vez más escasos: solo un 10 % de los días de febrero entre 2019 y 2026 han registrado temperaturas igual o por debajo de la media, mientras que más del 15 % han alcanzado valores típicos de abril.
Este febrero, apenas un día ha bajado ligeramente de la media: el viernes 13, con lluvias y una anomalía mínima de -0,2 ºC. En contraste, la mitad de los días han superado los 2 ºC por encima de lo normal, y en algunos casos la diferencia ha rozado los 6 ºC. Ahora, una semana de anticiclón y ambiente primaveral remata un mes que, aunque ha cumplido en lluvias, ha dejado el frío completamente de lado.
La tendencia es clara: cada año, febrero se aleja más del invierno y se acerca a la primavera. El cambio se nota en la ropa, en las terrazas llenas y en la forma en que la ciudad vive la estación. El invierno, tal y como lo conocíamos, se reduce a recuerdos y a algún día suelto de frío intenso.
El Observatorio Fabra, situado en la ladera del Tibidabo, es uno de los referentes meteorológicos más antiguos de Barcelona. Desde hace más de un siglo, sus registros permiten comparar la evolución del clima en la ciudad y detectar tendencias como el aumento sostenido de las temperaturas. Sus datos, además de ser un termómetro de la vida cotidiana, ayudan a entender cómo el clima transforma la experiencia urbana y la relación de los barceloneses con su entorno.