La cuenta es complicada, pero no imposible. Los blanquiazules necesitan ganar a la Reial Societat en el RCDE Stadium y esperar que otros resultados acompañen en la última tarde de Liga. El margen es mínimo, pero suficiente para que el vestuario no quiera dar la temporada por acabada antes de tiempo.
El cambio de ánimo es evidente. Después de meses de tensión, dudas y una segunda vuelta con más dificultades de las esperadas, el equipo ha encontrado oxígeno con los últimos resultados. Las victorias ante Athletic y Osasuna han devuelto confianza a una plantilla que quiere despedirse de su afición con una tercera alegría consecutiva.
Dentro del grupo se insiste en una idea: la temporada ha sido dura, pero el vestuario nunca se rompió. Esa unión aparece ahora como uno de los argumentos para creer en una última jornada improbable, de esas que en el fútbol empiezan como una carambola y terminan convirtiéndose en recuerdo si todo encaja.
La Reial Societat no será un rival cómodo. El Espanyol necesitará un partido serio, intensidad desde el inicio y un estadio conectado para sostener la esperanza hasta el final. La tarde tendrá mucho de fútbol y bastante de calculadora, con la mirada puesta también en lo que ocurra en otros campos.
Para la afición perica, la simple posibilidad de hablar de Europa después de haber pasado semanas mirando hacia abajo ya cambia el tono del cierre de temporada. No borra los problemas del curso, pero sí ofrece una última cita con algo más que tres puntos en juego.
El RCDE Stadium ha vivido muchas tardes de ansiedad en los últimos años. Esta vez llega una con otro color: el de un equipo que ya respira, pero que todavía quiere permitirse una última ambición. Y en Cornellà, cuando aparece una mínima rendija de esperanza, la grada suele agarrarse a ella hasta el último minuto.