Según el Observatori d’Economia Urbana, el 13,5% del empleo en la ciudad está vinculado al turismo, una cifra muy cercana a la de 2019. Sin embargo, el número total de trabajadores ha aumentado un 9%, alcanzando las 164.000 personas, lo que refleja la capacidad de recuperación del sector.
En términos de PIB, el turismo representó el 12,8% en 2023, por debajo del 14% registrado antes de la pandemia. Aun así, el valor añadido generado ha crecido un 11%, lo que indica que el sector sigue expandiéndose, aunque a menor ritmo que otras actividades económicas.
La ciudad mantiene una estructura económica diversificada. Sectores como la administración pública, la educación o la sanidad concentran un mayor peso, mientras que las actividades profesionales y científicas siguen ganando protagonismo. Este equilibrio permite que el impacto del turismo se distribuya en distintos ámbitos del tejido urbano.
El análisis también apunta a una productividad del turismo comparable a la de otros sectores, desmontando la percepción de baja eficiencia. Además, el modelo turístico de Barcelona presenta características propias que requieren estrategias específicas de gestión.
Con estos datos, el reto pasa por equilibrar crecimiento y calidad de vida. Barcelona busca consolidar un modelo donde el turismo siga siendo motor económico sin perder de vista la sostenibilidad y el bienestar urbano.