El icónico termómetro de Portal de l’Àngel celebra siete décadas en el corazón de Barcelona. Su historia está marcada por un invierno extremo y la sorpresa de los vecinos. Hoy es símbolo urbano y patrimonio cultural.
Quienes pasean por Portal de l’Àngel no pueden evitar mirar hacia arriba y comprobar la temperatura en el termómetro más famoso de Barcelona. Este símbolo urbano, que lleva 70 años marcando el pulso térmico de la ciudad, sigue siendo punto de referencia para locales y visitantes.
Instalado en 1956 como reclamo publicitario de la empresa Cottet Òptics i Audiometria, el termómetro se convirtió rápidamente en parte del paisaje cotidiano. Sin embargo, su llegada coincidió con uno de los inviernos más fríos que se recuerdan en la ciudad: el mercurio descendió hasta los -10 ºC, mientras que el propio termómetro solo marcaba hasta -5 ºC. Muchos barceloneses, desconcertados, pensaron durante semanas que el aparato no funcionaba correctamente.
Con el paso de los años, este termómetro ha dejado de ser solo un anuncio para transformarse en un elemento patrimonial. Su presencia en una de las calles más transitadas de Barcelona lo ha convertido en testigo silencioso de cambios urbanos, celebraciones y olas de calor o frío que han marcado la vida de la ciudad.
Hoy, siete décadas después de su instalación, el termómetro de Portal de l’Àngel sigue despertando la curiosidad de quienes pasan bajo su luz neón. Es un recordatorio de cómo pequeños detalles pueden convertirse en grandes símbolos para toda una ciudad.
El termómetro de Portal de l’Àngel es mucho más que un instrumento para medir la temperatura. Su diseño retro y su ubicación estratégica lo han consolidado como un icono visual del centro de Barcelona. A lo largo de los años, ha sido testigo de manifestaciones, celebraciones y cambios en la fisonomía urbana. Para muchos, mirar su escala luminosa es un gesto cotidiano que conecta pasado y presente en pleno corazón comercial de la ciudad.