El espacio nació en 2024 como Guitar Legends Hall, pero ahora funciona con una ambición más amplia: no solo enseñar instrumentos, sino explicar cómo el rock atravesó generaciones, modas, conflictos sociales y formas de vivir la cultura popular. La guitarra sigue siendo el gran hilo conductor, pero ya no aparece como simple objeto de vitrina.
La colección reúne guitarras y bajos vinculados a nombres clave del género. Hay piezas relacionadas con Gary Moore y Thin Lizzy, David Knopfler de Dire Straits, Cliff Williams de AC/DC, Joe Perry de Aerosmith, Steve Vai, Slash, Paul Stanley, Dave Mustaine, Orianthi o Lupe Villar, entre otros artistas que han marcado décadas de música.
El atractivo está en que cada instrumento llega acompañado de contexto. Vídeos, canciones, explicaciones y material audiovisual ayudan a entender por qué una guitarra importa, qué momento representa y cómo se conecta con una escena, una gira, un sonido o una generación entera.
La visita no se plantea como un recorrido silencioso. El museo apuesta por una experiencia interactiva, con más de seis horas de contenidos audiovisuales y una audioguía que permite avanzar sin prisa por décadas de rock, desde sus raíces hasta la era de los grandes estadios, los festivales y MTV.
El recorrido incluye espacios temáticos que recrean momentos clave de la cultura rock. Hay referencias al nacimiento del género, a la explosión de los años 60, a los conciertos multitudinarios y a la televisión musical, además de una réplica de un garaje de ensayo que conecta directamente con el imaginario más clásico de las bandas.
Uno de los puntos que más llama la atención es la parte inmersiva, con hologramas y recreaciones escénicas que acercan el museo a los visitantes más jóvenes. Para quienes no vivieron aquellas décadas, la propuesta busca que el rock no parezca una reliquia, sino algo vivo, ruidoso y todavía reconocible.
Detrás de la colección está Juan José Castellano, coleccionista y motor del proyecto. Su trabajo no consiste solo en reunir guitarras, sino en verificar procedencias, detalles, marcas, golpes y elementos que permitan acreditar que cada pieza tiene una historia real detrás.
Esa labor importa especialmente en un mercado donde las piezas vinculadas a grandes músicos pueden alcanzar precios muy altos y donde las falsificaciones no son una rareza. En el Museu del Rock, la autenticidad forma parte del relato tanto como el sonido.
La nueva etapa incorpora además un espacio para exposiciones temporales. La primera, “Avanzados a su tiempo”, utiliza el universo de Regreso al futuro como punto de partida para hablar de artistas que se adelantaron a su época, desde Tony Iommi, Pink Floyd o Led Zeppelin hasta The Velvet Underground, The Beatles, David Bowie o Nina Hagen.
Entre las piezas más curiosas aparece una Gibson ES-345 como la que toca Marty McFly en la famosa escena de “Johnny B. Goode”, además de objetos asociados al imaginario de la película. La muestra juega con esa idea tan rockera de ir por delante, sonar raro al principio y acabar marcando el camino.
La visita media ronda la hora y media, lo que convierte el museo en un plan manejable para una tarde en el centro. Puede funcionar para amantes del rock, familias, turistas que buscan algo distinto cerca de la Rambla o vecinos que quieren redescubrir una calle por la que quizá pasan sin mirar demasiado.
La ubicación ayuda. Portaferrissa es una de esas vías donde Barcelona mezcla comercio, turismo, historia y tránsito constante. En medio de ese movimiento, el museo ofrece una pausa sonora: entrar desde una calle llena de gente y encontrarse con guitarras, riffs, pantallas y memoria musical.
El proyecto quiere tener también una dimensión educativa. El Museu del Rock se presenta como un espacio para escolares y nuevas generaciones, con la idea de explicar el siglo XX a través de canciones, movimientos juveniles, rebeldía estética y cambios sociales.
La tienda completa la experiencia con libros, discos y objetos relacionados con la cultura rock. No es solo una salida por nostalgia: también es una forma de acercarse a un lenguaje que sigue presente en camisetas, películas, festivales, playlists y referentes visuales de varias generaciones.
El museo prepara además una futura exposición dedicada a Jordi Tardà, figura esencial de la divulgación del rock en Catalunya. Su nombre conecta el proyecto actual con una tradición local de coleccionismo, radio, cultura musical y pasión por contar historias alrededor de un disco o una guitarra.
Para la ciudad, el Museu del Rock juega una carta clara: piezas únicas, relato accesible y una experiencia que no exige ser experto. Basta con entrar, escuchar y dejar que una guitarra explique una parte de la historia.