El puente de Marina, clave en la movilidad de Barcelona, inicia su esperada reforma tras 12 años cubierto por redes. Las obras arrancan en septiembre y buscan devolverle su esplendor para su centenario. El tráfico no se cortará durante los trabajos.
Quienes cruzan a diario el puente de Marina han visto durante años cómo las redes cubrían sus pilares, recordando el deterioro de una infraestructura esencial para la ciudad. Tras más de una década de soluciones provisionales, el Ayuntamiento de Barcelona ha decidido actuar: en septiembre comenzará la esperada reforma integral del viaducto, con el objetivo de que luzca renovado para celebrar su centenario en 2028.
El puente, situado en el barrio del Fort Pienc, conecta el Port Olímpic con la Sagrada Família y soporta un flujo constante de vehículos y ciclistas. Desde 2014, las columnas originales de 1928 permanecen envueltas en mallas para evitar desprendimientos, una imagen que se ha vuelto habitual en el paisaje urbano. Ahora, la intervención municipal promete recuperar la estructura y reforzarla, eliminando por fin las protecciones que han marcado su silueta durante 12 años.
La reforma, que se ejecutará en fases, permitirá mantener abierto el tráfico en todo momento. El plan prevé cortes longitudinales para que siempre haya al menos un carril disponible en cada sentido, así como la vía ciclista bidireccional. Además de reparar los daños estructurales, se renovarán el alumbrado, los semáforos y se instalarán redes antipalomas bajo la pasarela, donde se encuentran un parque y equipamientos deportivos.
El presupuesto total para la rehabilitación del puente de Marina asciende a seis millones de euros, dentro de una inversión municipal más amplia que también incluye la restauración del puente de Vallcarca y la remodelación de las fachadas de los antiguos talleres de Renfe en el Clot. El Ayuntamiento justifica la larga espera por el elevado coste y la necesidad de priorizar el mantenimiento integral de la ciudad, que ahora cuenta con un plan específico y recursos inéditos en anteriores mandatos.
La intervención no solo busca devolver el aspecto original al puente, sino también garantizar su durabilidad con un mantenimiento preventivo que prolongue su vida útil. Los vecinos y usuarios podrán seguir cruzando el viaducto durante los 14 meses previstos de obras, aunque deberán adaptarse a los cambios temporales en la circulación.
El puente de Marina es mucho más que una vía de paso: forma parte de la memoria urbana de Barcelona y ha sido testigo de la transformación del entorno desde su inauguración en 1928. Su diseño responde a la necesidad de conectar dos zonas clave de la ciudad, facilitando el acceso entre el litoral y el Eixample. A lo largo de los años, ha soportado el crecimiento del tráfico y la evolución del barrio, convirtiéndose en un símbolo de la movilidad barcelonesa. La próxima reforma supone una oportunidad para recuperar su valor patrimonial y funcional en pleno siglo XXI.