El embalse de Sau roza el 100 % de su capacidad tras meses críticos. La recuperación del agua en Catalunya anticipa un verano sin restricciones. El sistema Ter-Llobregat vive su mejor momento en años. El paisaje cambia radicalmente en solo doce meses.
El nivel del pantano de Sau marca un antes y un después para quienes viven en Barcelona y alrededores. Tras meses de incertidumbre por la sequía, el embalse barcelonés se sitúa al 99 % de su capacidad, una cifra impensable hace apenas un año. La emblemática iglesia, que durante la crisis hídrica asomaba entre las aguas, ha quedado completamente sumergida, transformando el paisaje y devolviendo la tranquilidad a quienes dependen de este recurso.
El 7 de marzo, Sau almacenaba 164 hectómetros cúbicos de agua, un dato que invita al optimismo justo cuando se acerca la temporada estival. Esta recuperación no solo afecta a la vida cotidiana, sino que garantiza el suministro doméstico, el riego agrícola y la actividad industrial en los próximos meses.
El sistema Ter-Llobregat, clave para abastecer a Barcelona, Girona y parte del Solsonès, vive un momento excepcional. Sus cinco grandes embalses superan el 90 % de capacidad y suman más de 500 hectómetros cúbicos. El pantano de Foix incluso ha comenzado a liberar agua tras alcanzar su máximo, con un caudal de 1,26 metros cúbicos por segundo. Hace un año, la situación era radicalmente distinta: las reservas apenas superaban el 30 % y la preocupación era palpable en toda la región.
Las lluvias de los últimos meses han cambiado el panorama hídrico de Catalunya. Por primera vez en una década, la primavera y el verano se afrontan sin temor a restricciones. Esta abundancia de agua supone un alivio para miles de familias, agricultores y empresas, que podrán planificar la temporada con mayor seguridad y menos incertidumbre.
El embalse de Sau, en la comarca de Osona, es uno de los paisajes hidráulicos más reconocibles de Cataluña. Cuando se construyó en los años sesenta, las aguas cubrieron el antiguo pueblo de Sant Romà de Sau, dejando bajo el pantano casas y calles que hoy forman parte de su memoria sumergida. La torre de la iglesia, visible cuando el nivel baja, se ha convertido con el tiempo en una imagen icónica: aparece en periodos de sequía como señal de alerta sobre la escasez de agua. En cambio, cuando queda totalmente cubierta, como sucede ahora, el paisaje habla de recuperación y recuerda la importancia de una gestión responsable de los recursos hídricos.