La primera gran intervención se concentra en el entorno de la Mar Bella, donde el objetivo es sustituir parte de las superficies duras por un paisaje más verde y permeable. El proyecto incorpora nuevos árboles y vegetación adaptada al litoral, además de espacios para descansar y permanecer junto al mar, no únicamente atravesarlo a pie o en bicicleta.
El deporte seguirá teniendo un peso importante. La reorganización del espacio permitirá integrar nuevas pistas y mejorar las zonas destinadas a actividades como el voleibol, manteniendo el carácter deportivo que ya tiene este tramo de Sant Martí. La intención es que estas instalaciones convivan con las áreas verdes y los recorridos peatonales.
Otro de los cambios importantes estará en la conexión entre barrios. La continuidad del paseo marítimo facilitará los desplazamientos entre Poblenou, la Mar Bella, el Besòs y el Fòrum y eliminará algunos de los puntos donde actualmente el recorrido pierde continuidad o resulta poco amable para peatones y ciclistas.
La transformación también responde a un problema cada vez más visible en Barcelona: el calor. Más árboles, superficies permeables y zonas de sombra ayudarán a reducir la exposición al sol en una franja costera donde durante los meses de verano abundan todavía los espacios abiertos y pavimentados.
El Ayuntamiento prevé destinar alrededor de 10 millones de euros anuales durante los próximos cinco años a las actuaciones vinculadas a la transformación del litoral. Las primeras fases avanzarán antes, pero el conjunto del proceso tiene un horizonte que se prolonga hasta 2030 y 2031.
La operación va así mucho más allá de renovar un paseo. Barcelona busca convertir progresivamente su frente marítimo en un corredor con mayor presencia de naturaleza y mejor preparado frente al aumento de las temperaturas y los efectos del cambio climático, sin perder los usos deportivos y de ocio que concentran miles de personas durante todo el año.
La Mar Bella vuelve a convertirse en terreno de transformación urbana más de tres décadas después de los Juegos Olímpicos. Esta vez el cambio no consiste en abrir la ciudad al mar, sino en hacer más habitable el espacio que quedó entre ambos: menos asfalto, más sombra y un recorrido litoral pensado también para la vida cotidiana de los barrios.