La diferencia respecto al comienzo de siglo será considerable. En el conjunto de las 161 ciudades analizadas, los días de ola de calor podrían triplicarse de media entre 2000 y 2050. En Castelldefels, la proyección apunta a unos 80 días adicionales de calor extremo; en Vilanova i la Geltrú, 73; en El Prat, 72; y en Gavà, 71.
El mapa deja especialmente expuestos al Baix Llobregat y al Garraf. Viladecans aparece también entre los diez municipios con mayor incremento previsto, mientras Badalona ocupa el puesto 19, Barcelona el 24 y Mataró el 29. El calentamiento no quedará así limitado a la capital catalana, sino que afectará a buena parte de la franja costera metropolitana.
El estudio ha sido elaborado por el Barcelona Supercomputing Center y el laboratorio urbano 300.000 Km/s a partir de hasta 70 simulaciones climáticas. Las proyecciones se cruzan con factores como el tipo de vivienda, la renta, la cantidad de verde urbano o el acceso a servicios para medir no solo cuánto subirá la temperatura, sino qué ciudades tendrán más dificultades para adaptarse.
El efecto se notará directamente en la rutina. Más jornadas extremas significan viviendas que acumulan calor durante más tiempo, noches con peor descanso, mayor presión sobre piscinas y refugios climáticos y más dificultades para trabajar o desplazarse durante las horas centrales del día. Las personas mayores y quienes viven en pisos mal ventilados parten con una desventaja evidente.
La necesidad de refrigeración doméstica crecerá alrededor de un 65% de media en las ciudades españolas estudiadas, aunque el mayor salto energético se espera en el sur peninsular. En Catalunya, el problema principal será la frecuencia de los episodios: habrá que proteger viviendas y calles frente a un calor que dejará de ser excepcional durante buena parte del verano.
La vulnerabilidad tampoco será igual en todos los barrios. Una calle con árboles, edificios rehabilitados y viviendas bien aisladas responde de forma muy distinta a otra con poco verde y pisos que retienen el calor. Esa diferencia convierte el urbanismo, la sombra y la calidad de la vivienda en parte de la respuesta climática.
El dato deja una imagen incómoda para el área metropolitana: algunos de los municipios donde hoy se busca el mar para escapar del calor serán precisamente los que más días extremos acumulen dentro de 25 años. El desafío será conseguir que playas, plazas, viviendas y transporte estén preparados para un verano que ocupará cada vez más espacio en el calendario.