Según los datos recopilados por la FAVB, Barcelona cuenta con 10.730 pisos turísticos legales y el 46% se ubica en el Eixample. La cifra coloca al distrito muy por delante de Sants-Montjuïc, que concentra el 12%, y de Gràcia, que se sitúa en torno al 10,5%.
El peso del Eixample no sorprende a muchos vecinos. Su trama central, la cercanía a zonas monumentales, la conexión con transporte público y la abundancia de fincas con múltiples viviendas lo convierten en un espacio especialmente atractivo para el alojamiento turístico.
La concentración no afecta solo al mercado inmobiliario. En muchas comunidades, la entrada constante de visitantes cambia la vida diaria: más maletas en los portales, ruido, rotación de personas, pérdida de vecinos estables y una sensación creciente de que algunos edificios funcionan más como alojamientos que como hogares.
El análisis también señala casos extremos, como fincas con decenas de pisos turísticos en un mismo edificio. Para las asociaciones vecinales, estos puntos de acumulación son los que mejor muestran el impacto real del fenómeno: no se trata solo de números globales, sino de escaleras donde la convivencia cambia por completo.
El debate llega en plena cuenta atrás hacia 2028. El Ayuntamiento de Barcelona mantiene el plan de no renovar las licencias de pisos turísticos y devolver miles de viviendas al uso residencial a partir de noviembre de ese año. La medida busca aliviar la presión sobre el alquiler y recuperar pisos para quienes viven en la ciudad.
Las entidades vecinales, sin embargo, piden vigilancia. Temen que algunos operadores intenten transformar estos inmuebles en residencias de estudiantes, alquileres de temporada u otras fórmulas que mantengan la lógica turística sin responder a la necesidad de vivienda habitual.
La situación deja una imagen clara del problema urbano que afronta Barcelona: el turismo no se reparte de forma neutra por la ciudad. En el Eixample, la mezcla de atractivo, centralidad y rentabilidad ha convertido muchas viviendas en piezas de una economía que los vecinos sienten cada vez más cerca de su puerta.