El cambio llega por una modificación en la convocatoria del Ayuntamiento, que adelanta este requisito a la fase de documentación. Hasta ahora, los aspirantes podían obtener el permiso más adelante, incluso durante su formación. El nuevo plazo reduce el margen y deja a muchos fuera por motivos que no dependen de su preparación.
El problema se agrava por el colapso en la Dirección General de Tráfico. En Catalunya, más de 85.000 personas esperan para examinarse, con la mayoría concentrada en Barcelona. La falta de examinadores ha saturado el sistema y ralentiza todo el proceso.
Las autoescuelas lo están notando. Algunas han tenido que frenar su actividad porque no pueden presentar alumnos a examen. Esto convierte un trámite obligatorio en un cuello de botella que afecta no solo a opositores, sino a miles de personas que necesitan el carnet para trabajar.
Los aspirantes piden una solución concreta: flexibilizar los plazos y permitir que el carnet se entregue antes de la incorporación, como ocurría antes. Temen que un problema estructural termine decidiendo su futuro después de años de preparación.
Lo que está en juego va más allá de una convocatoria. Barcelona corre el riesgo de perder candidatos ya aptos por un atasco administrativo. En un contexto donde reforzar servicios públicos es clave, este tipo de bloqueos empieza a impactar directamente en cómo funciona la ciudad.