La derrota deja a Barcelona sin representante en la gran final y golpea a un equipo que llegaba tocado tras perder también la liga nacional ante el Mataró. Las de Javi Aznar estuvieron muy cerca de reaccionar a una semana complicada, pero el desenlace volvió a escaparse por detalles mínimos.
El Sant Andreu firmó una primera mitad muy sólida. Martina Terré sostuvo al equipo bajo palos, Gisel·la Farré abrió el marcador y Elena Ruiz asumió el peso ofensivo con una actuación de líder. Con los goles de Queralt Anton y Robin Jutte, las catalanas llegaron al descanso con un esperanzador 3-6.
El Ferencváros, sin embargo, no se rindió. El conjunto húngaro subió el ritmo tras la reanudación y empezó a recortar distancias con Rita Keszthelyi-Nagy, Dorottya Szilagyi y Eleftheria Plevritou como principales amenazas. Cada ataque empezó a pesar más y el partido entró en una fase de máxima tensión.
Elena Ruiz mantuvo vivo al Sant Andreu con una eficacia impecable: cinco goles en cinco lanzamientos. Maria Palacio y Nona Pérez también aparecieron en momentos importantes, pero el equipo no logró cerrar el duelo cuando parecía tenerlo más cerca.
A falta de 52 segundos, Noa de Vries marcó el 11-11 y llevó la semifinal a los penaltis. Allí, la igualdad se mantuvo hasta el último lanzamiento, pero el Ferencváros terminó imponiéndose por 15-14 y dejó al Sant Andreu sin opción de revalidar la corona europea.
El golpe es duro porque el equipo volvió a competir de tú a tú contra una de las grandes potencias del continente. La eliminación no borra el crecimiento de un grupo que se ha consolidado entre la élite, pero sí deja la sensación amarga de haber tenido la final muy cerca.
Para el barrio de Sant Andreu y para el waterpolo barcelonés, la derrota duele por el contexto y por la forma. El club sigue siendo una referencia por su trabajo de cantera, su ambición y la proyección de jugadoras como Elena Ruiz y Martina Terré. Esta vez no hubo final, pero el CN Sant Andreu volvió a demostrar que pertenece a la primera línea europea.