La propuesta forma parte de las alegaciones municipales al nuevo Plan Director Urbanístico Metropolitano. El objetivo es evitar incertidumbres para socios, usuarios y entidades deportivas, asegurando que las pistas sigan reconocidas como equipamiento local mientras el club continúe abierto.
El cambio llegará solo cuando la actividad deportiva termine de forma definitiva. En ese momento, los terrenos pasarán automáticamente a integrarse en un parque de interés socioambiental, ampliando la fachada verde del margen izquierdo del Besòs hasta acercarla a la desembocadura.
La operación intenta equilibrar dos necesidades distintas. Por un lado, mantener un espacio deportivo que forma parte de la vida cotidiana del municipio. Por otro, reservar suelo para una transformación ambiental a largo plazo en una zona marcada durante décadas por infraestructuras, industria y falta de espacios verdes.
El plan no afecta únicamente a las pistas del club. El Ayuntamiento también quiere que los terrenos del paseo de la Rambleta y las franjas situadas entre las instalaciones deportivas y el río queden calificadas como parque público, reforzando la continuidad del futuro eje verde.
La mirada está puesta en 2050, un horizonte largo pero relevante para ordenar la ciudad con tiempo. Sant Adrià quiere que el Besòs deje de ser una frontera dura y se convierta en un espacio de salud, paseo, deporte y conexión con otros municipios metropolitanos.
La alcaldesa, Filo Cañete, enmarca esta estrategia en una transformación más amplia del municipio. La recuperación de suelo para uso ciudadano se suma a otras demandas históricas, como la pacificación de la C-31 o el desmantelamiento de la incineradora de TERSA.
Para muchos vecinos, el Club de Tennis de Sant Adrià no es solo una instalación deportiva. Es un punto de encuentro, una rutina de barrio y un espacio que ha sobrevivido a cambios urbanísticos en un entorno muy condicionado por grandes infraestructuras.
Por eso, el Ayuntamiento evita plantear una sustitución inmediata. La idea no es cerrar el club para hacer un parque, sino garantizar su continuidad mientras tenga actividad y asegurar que, cuando esa etapa termine, el suelo no quede disponible para cualquier uso, sino para espacio verde público.
El futuro del margen del Besòs se jugará en decisiones como esta. Sant Adrià quiere ganar zonas verdes sin borrar de golpe espacios que ya forman parte de su vida local. El reto será que la transición no enfrente deporte y naturaleza, sino que permita a la ciudad cuidar lo que tiene hoy mientras prepara un entorno más saludable para las próximas generaciones.