El cierre inmediato del Parc de Collserola marca un antes y un después para quienes viven o disfrutan de Barcelona. La detección del primer jabalí infectado por peste porcina dentro del término municipal ha obligado a tomar medidas drásticas que afectan tanto a vecinos como a visitantes habituales del pulmón verde de la ciudad.
Hasta ahora, solo una pequeña franja de Collserola, en la zona de Vallvidrera, el Tibidabo y Les Planes, estaba bajo restricciones. Sin embargo, la confirmación del caso positivo en Barcelona ha ampliado el perímetro de riesgo y ha forzado el cierre total del parque, alterando rutinas de ocio, deporte y contacto con la naturaleza para miles de personas. En los últimos días, la preocupación crecía en el área metropolitana tras la aparición de nuevos casos en municipios cercanos. El pasado 6 de marzo, la peste porcina se detectó en Sant Just Desvern, lo que llevó a incluir también a Esplugues de Llobregat en la zona de alto riesgo. Ahora, la capital catalana se suma a una lista que no deja de crecer. Con Barcelona, ya son diez los municipios donde se han confirmado positivos: Cerdanyola del Vallès, Sant Quirze del Vallès, Sant Cugat, Rubí, Terrassa, Molins de Rei, Sant Feliu de Llobregat, Sant Just Desvern, Esplugues de Llobregat y la propia ciudad. Además, otros ocho municipios —Badia del Vallès, Barberà del Vallès, Moncada i Reixac, Polinyà, Ripollet, Sabadell, Santa Perpètua de Mogoda y El Papiol— quedan incluidos en la zona de alto riesgo, todos sujetos a las mismas restricciones de acceso y movilidad.
El avance de la peste porcina africana en el entorno de Barcelona no solo afecta a la fauna silvestre, sino que también modifica la vida urbana y la relación de los barceloneses con sus espacios naturales. El cierre de Collserola supone una medida inédita que busca frenar la expansión del brote y proteger tanto a los animales como a la actividad ganadera de la región.