La consulta interna dejó un 62,45% de apoyo a Can Dragó frente a la alternativa del Narcís Sala, el estadio de la UE Sant Andreu. El resultado obliga al club a seguir lejos del Nou Sardenya, su casa histórica, que todavía no cumple con los requisitos de césped natural exigidos para competir en Primera Federación.
La decisión tiene una lectura emocional y práctica. Para el Europa, Can Dragó supone continuar en Barcelona sin mudarse al campo de un rival directo y sin romper del todo el vínculo con su afición. Pero también implica asumir pérdidas económicas y jugar en un espacio que no fue concebido como estadio de fútbol.
El gran interrogante queda ahora sobre el Club d’Atletisme Nou Barris. La entidad lleva meses denunciando que la llegada del Europa ha reducido el espacio disponible, ha alterado entrenamientos y ha provocado una caída preocupante de usuarios. La continuidad del fútbol alarga ese malestar durante otra temporada.
El conflicto ya ha tenido consecuencias visibles. Can Dragó perdió la posibilidad de acoger competiciones de atletismo previstas, como el Campeonato de Catalunya sub-20, por la incompatibilidad con la actividad futbolística. Para los atletas, la sensación es que una instalación pensada para correr, saltar y entrenar ha quedado condicionada por necesidades ajenas.
El Ayuntamiento de Barcelona queda de nuevo en el centro del debate. La solución provisional que debía permitir al Europa competir mientras se resolvía el futuro del Nou Sardenya se ha convertido en una convivencia más larga de lo previsto, con promesas pendientes sobre la mejora y modernización de las instalaciones atléticas.
El regreso del Europa a Gràcia dependerá de las obras en el Nou Sardenya. La previsión municipal pasa por instalar césped natural entre agosto y noviembre de 2027, de modo que Can Dragó seguirá siendo durante meses una pieza clave para el club y un foco de preocupación para el atletismo de Nou Barris.
La situación deja una imagen incómoda para el deporte barcelonés: dos necesidades legítimas compitiendo por el mismo espacio. El Europa busca sobrevivir en la categoría y mantener a su afición cerca, mientras el atletismo reclama recuperar una instalación de referencia. En Can Dragó, cada partido ganado por el fútbol sigue pareciendo una espera más larga para quienes entrenan allí todo el año.