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El calor extremo deja 370 muertes asociadas en Barcelona en un año

El calor extremo ya no es solo una incomodidad de verano en Barcelona. Las muertes asociadas a las altas temperaturas aumentaron un 54% en un año y llegaron a 370 fallecimientos, una cifra que obliga a mirar las olas de calor como un problema de salud pública y no solo como un episodio meteorológico.

Foto por Corrado Baratta / Shutterstock / FOTODOM
Por · Barcelona ·
El calor extremo deja 370 muertes asociadas en Barcelona en un año

La mayoría de estas muertes no se producen por un golpe de calor directo, sino por el agravamiento de enfermedades previas tras varios días consecutivos de temperaturas extremas. El calor castiga especialmente a quienes tienen patologías crónicas, viven solos, descansan mal por la noche o no pueden protegerse bien durante las horas más duras.

El dato supone un salto claro respecto al año anterior, cuando se registraron 240 muertes asociadas al calor. En 2022, el peor año de la última década, la ciudad llegó a unas 530. En 2023 fueron 300, lo que confirma una tendencia preocupante en un contexto de veranos cada vez más largos, cálidos y difíciles de gestionar.

El impacto no se reparte por igual. Mujeres y mayores de 75 años aparecen como los colectivos más afectados. De las 370 personas fallecidas el año pasado, 307 eran mujeres y 297 superaban los 75 años, según los datos recogidos por la Agència de Salut Pública de Barcelona.

La vulnerabilidad tiene mucho que ver con la edad, la soledad y las condiciones de vivienda. Dormir en pisos que acumulan calor, vivir sin aire acondicionado, tener movilidad reducida o no contar con una red cercana puede convertir una ola de calor en un riesgo real para la vida.

La ciudad también mira con atención a quienes trabajan al aire libre. Después de episodios graves en veranos anteriores, el Ayuntamiento ha reforzado las medidas para trabajadores municipales y de empresas subcontratadas, como personal de limpieza, jardinería o alumbrado.

Entre las medidas figura el reparto de 1.400 pulseras contra golpes de calor. Estos dispositivos avisan con señales acústicas, luces o vibración cuando detectan cambios de temperatura corporal, para que el trabajador pueda parar, descansar y evitar una situación de riesgo.

El consistorio también ha aplicado cambios en uniformes, formación específica, ajustes de horarios, descansos más frecuentes y medidas para evitar que algunos empleados trabajen solos durante los días de calor extremo. La idea es asumir que las olas de calor ya no son excepcionales, sino una parte estructural del verano urbano.

Barcelona ha ampliado además su red de refugios climáticos. La ciudad cuenta ya con unos 500 espacios donde resguardarse del calor, entre bibliotecas, museos, centros cívicos, parques, jardines, patios escolares e interiores de manzana. La campaña se alargará este año hasta el 15 de septiembre.

Según el Ayuntamiento, el 91% de la ciudadanía tendrá un refugio climático a menos de 10 minutos andando y el 77% lo tendrá a menos de cinco. La medida busca que protegerse del calor no dependa solo de tener recursos en casa, sino también de contar con espacios accesibles en el barrio.

La sombra será otra pieza clave. Barcelona prevé crear 40.000 metros cuadrados de sombra con una inversión de 11 millones de euros, y ha duplicado la instalación de nuevos espacios sombreados en parques infantiles, calles y patios de colegios. En total, la ciudad quiere superar los 200 espacios de sombra nuevos hasta 2027.

También se refuerzan otros recursos cotidianos, como los espacios de juego con agua para niños y las más de 1.740 fuentes para beber, geolocalizadas en la aplicación Fonts BCN. Son medidas pequeñas por separado, pero importantes cuando el calor se acumula durante días y las calles se vuelven difíciles de habitar.

El aumento de muertes asociadas al calor deja una conclusión incómoda para Barcelona: adaptarse ya no es una opción de futuro, sino una urgencia del presente. La ciudad tendrá que seguir ganando sombra, refugios y cuidados de proximidad si quiere que el verano no se convierta en una amenaza para quienes viven peor protegidos.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID48992