La mejora empieza a acercar una parte de los centros a las exigencias que Europa aplicará en los próximos años. En 2025, el 26% de las escuelas de primaria ya registraba niveles compatibles con el futuro límite europeo de NO₂ para 2030. Todos los centros cumplen actualmente la normativa vigente.
El listón sanitario es bastante más exigente. La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar una media anual de 10 microgramos de NO₂ por metro cúbico y ninguna escuela barcelonesa ha alcanzado todavía ese nivel. El futuro límite legal europeo será de 20 microgramos por metro cúbico.
La contaminación tampoco se reparte igual por toda Barcelona. Eixample y Ciutat Vella siguen entre los distritos con mayor exposición, muy condicionados por la densidad del tráfico y la configuración de sus calles. En 2018 sus entornos escolares llegaban a superar los 40 microgramos por metro cúbico; ahora han reducido claramente esas cifras, aunque todavía rondan niveles superiores al objetivo europeo de 2030.
En el extremo contrario aparecen zonas con menor presión del tráfico, como Sarrià-Sant Gervasi y Les Corts. La diferencia importa especialmente en los colegios porque los niños pasan muchas horas cada día en estos entornos y son uno de los grupos más sensibles a los efectos de la contaminación atmosférica.
La mejora ya tiene reflejo en los indicadores de salud de toda la ciudad. En 2025, la ASPB estima que la contaminación estuvo relacionada con el 7% de las muertes, el 30% de los nuevos casos de asma infantil y el 10% de los nuevos cánceres de pulmón. Son cifras todavía elevadas, pero inferiores a las de los últimos años.
Solo respecto al periodo 2020-2024, las muertes anuales atribuibles a la exposición crónica han disminuido un 15%, lo que equivale a unas 200 menos. Los nuevos casos de asma infantil asociados a la contaminación han bajado un 25%, alrededor de 200 casos, y los de cáncer de pulmón un 22%, unos 30 casos menos.
El tráfico motorizado continúa siendo la principal fuente de NO₂ y explica buena parte de las diferencias que todavía se ven entre barrios. El dato deja una mejora tangible a las puertas de los colegios, pero también un objetivo pendiente: conseguir que respirar un aire compatible con las recomendaciones sanitarias deje de depender de la calle o del distrito donde esté situada la escuela.