El primer robo ocurrió en Villa del Arte, en el paseo de Gràcia. Según la investigación, uno de los sospechosos habría distraído a una empleada mientras el otro se llevaba una escultura de Coderch & Malavia, valorada en más de 10.500 euros.
Al día siguiente, los mismos ladrones habrían repetido la estrategia en la Galería Mayoral, en la calle Consell de Cent. Esta vez la pieza sustraída fue Lurra G20, de Eduardo Chillida, con un valor superior a los 225.000 euros.
La reacción policial fue rápida. Tras difundirse imágenes y descripciones de los sospechosos, una patrulla de la Guardia Urbana del Eixample localizó a dos hombres que encajaban con el perfil poco después del segundo robo. Fueron interceptados hacia las 11:00 en la Diagonal con Roger de Flor.
Los detenidos, de 28 y 25 años, habrían intentado ocultar las obras en distintos puntos. Una de las esculturas fue escondida en un jardín y la otra en la habitación del hotel donde se alojaban, según la información recabada durante la investigación.
Durante el interrogatorio, uno de los arrestados señaló dónde estaban las piezas, lo que permitió recuperarlas y devolverlas a sus galerías. Las grabaciones de videovigilancia ayudaron a confirmar la implicación de ambos sospechosos, que afrontan cargos por hurto.
El caso ha encendido las alarmas en un sector acostumbrado a convivir con obras de gran valor en espacios abiertos al público. En zonas como el Eixample o el paseo de Gràcia, las galerías funcionan también como escaparate cultural de la ciudad, con visitantes, coleccionistas y curiosos entrando a diario.
La recuperación evita una pérdida importante, pero deja una advertencia para el mapa artístico de Barcelona: la visibilidad que hace atractivas a muchas galerías también las expone. Proteger las obras sin convertir estos espacios en lugares cerrados será uno de los retos para mantener viva y accesible la escena cultural del centro.