La brecha entre salarios y precios no deja de crecer. Según el estudio, una familia tipo necesitaría 7.405 euros más al año para poder comprar una vivienda media en su propio barrio. El dato resume bien el problema: muchas personas pueden seguir viviendo en una zona, pero ya no podrían comprar allí si tuvieran que hacerlo hoy.
En solo cinco años, los barrios fuera del alcance de una renta media han pasado de 16 a 29. Eso reduce cada vez más el mapa de opciones reales para quienes buscan comprar sin salir de Barcelona, especialmente jóvenes, familias que necesitan más espacio o vecinos que quieren dejar el alquiler.
El precio medio de un piso en la ciudad se sitúa en 387.778 euros, mientras que la renta neta anual media por hogar es de 50.099 euros. Para asumir una hipoteca estándar, la renta necesaria subiría hasta 57.504 euros anuales, lo que deja la ratio de acceso hipotecario en el 115,8%.
El estudio toma como referencia una financiación del 80% a 25 años y una cuota que no supere el 30% de los ingresos anuales. Cuando la ratio supera el 100%, significa que la familia media de esa zona no puede permitirse comprar una vivienda media con esas condiciones.
Las diferencias por barrios son enormes. Vallvidrera-Tibidabo i les Planes alcanza una ratio del 230,7%, mientras zonas como Passeig de Gràcia - Rambla de Catalunya, Tetuán-Urquinaona, Diagonal-Provença y Verdaguer-l’Eixample superan el 190%. Incluso áreas tradicionalmente más asequibles, como la Verneda i la Pau, han dejado de estar al alcance de muchos hogares medios.
Las pocas zonas que todavía mantienen precios compatibles con los ingresos medios se concentran en entornos como Vallbona, Ciutat Meridiana, Torre Baró, Canyelles y la Guineueta-Verdum. Son excepciones dentro de una ciudad donde la compra se ha ido desplazando hacia los márgenes.
El efecto se nota en decisiones muy concretas: retrasar la compra, seguir de alquiler, mudarse fuera de Barcelona o renunciar a vivir cerca de la familia, el trabajo o la escuela. La vivienda deja de ser solo un dato inmobiliario y se convierte en una fuerza que redibuja barrios, rutinas y proyectos de vida.