La policía ha iniciado el desalojo de un macroasentamiento en La Sagrera. El operativo afecta a cientos de personas y responde a un informe de riesgo grave. Vecinos denuncian la falta de alternativas y el impacto social. La intervención marca un antes y un después en la zona.
El inicio del desalojo de un macroasentamiento en La Sagrera ha alterado la rutina de Sant Andreu este martes. Desde primera hora, la presencia de la Guàrdia Urbana y los Mossos d’Esquadra en los alrededores del Pont del Treball Digne ha generado inquietud entre residentes y transeúntes. El operativo, que afecta a dos núcleos de chabolas situados en terrenos de Adif, responde a una alerta de los Bombers de Barcelona sobre un riesgo grave e inminente para quienes vivían allí.
La intervención comenzó poco antes de las ocho de la mañana, con equipos del CUESB y servicios municipales de limpieza desplazados al lugar. El Ayuntamiento ha justificado la urgencia de la actuación por motivos de seguridad, mientras que los vecinos aseguran que entre 200 y 300 personas, algunas asentadas desde hace cinco años, se han visto sorprendidas sin previo aviso ni alternativas habitacionales.
El malestar vecinal se ha hecho notar en las calles. Muchos critican que la medida no contempla soluciones reales para quienes pierden su refugio y acusan al gobierno municipal de priorizar la imagen urbana sobre la inclusión social. Algunos consideran que este tipo de desalojos contribuyen a procesos de gentrificación y desplazan a las personas más vulnerables fuera del paisaje cotidiano de la ciudad.
El despliegue policial y la llegada de los servicios sociales han marcado una jornada tensa en La Sagrera, donde la incertidumbre sobre el futuro de los afectados y el destino de los terrenos desalojados sigue abierta.
El Pont del Treball Digne, situado en el corazón de Sant Andreu, se ha convertido en los últimos años en un punto neurálgico para quienes buscan refugio en la ciudad. Los terrenos de Adif, a menudo vacíos y sin uso definido, han sido escenario de asentamientos irregulares que reflejan la compleja realidad social de Barcelona. La convivencia entre vecinos y personas sin hogar ha generado debates recurrentes sobre el modelo de ciudad, la gestión de la emergencia habitacional y el papel de las instituciones en la protección de los más vulnerables.
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