El reciente desalojo del antiguo instituto B9 de Badalona ha dejado a decenas de personas, en su mayoría migrantes africanos, sin un lugar donde vivir. Tras dos noches acampando frente al edificio, los afectados se enfrentan a una vigilancia policial constante y a la falta de alternativas ofrecidas por las instituciones.
Usumane, uno de los desalojados, se debate entre intentar romper candados para encontrar refugio o buscar ayuda familiar en Francia. Relata que intentó acceder a una vivienda tapiada, pero la presencia policial y la intervención de los vecinos lo impidieron. Hasta ahora, ni el Ayuntamiento ni otras entidades le han ofrecido plaza en un albergue, y los servicios sociales no le han dado cita tras el desalojo.
La Asociación de Vecinos del Remei confirma que varios expulsados han intentado forzar entradas en otros inmuebles. Según fuentes vecinales, una decena de personas ha conseguido ocupar discretamente una finca, donde pasan las noches en secreto para evitar nuevos desalojos.
En la zona de la Fábrica de Cartón de Sant Adrià de Besòs, la policía mantiene una patrulla fija para impedir ocupaciones. Mamadou, otro afectado, cuenta que los intentos de abrir puertas cerca del B9 han fracasado y que siguen buscando lugares donde resguardarse.
Mientras la mayoría permanece cerca del antiguo instituto, algunos se han desplazado a la playa del Litoral de Sant Adrià o a un aparcamiento cercano. Demba, también desalojado, ha optado por dormir solo en el barrio de La Pau, lamentando haber perdido todo su dinero y enfrentándose por primera vez a dormir en la calle.
Muchos de los desalojados mantienen parte de sus pertenencias y documentos dentro del B9, pero la vigilancia policial les impide recuperarlos. Usumane denuncia que no puede acceder a su habitación para sacar su pasaporte y otros papeles importantes.