El incidente se produjo en la primera mitad y volvió a repetirse tras el descanso, acompañado también de silbidos al himno de Egipto. Ante la situación, la organización activó mensajes por megafonía y en los videomarcadores para pedir respeto y recordar la normativa contra conductas racistas y xenófobas.
La Real Federación Española de Fútbol condenó lo ocurrido y lo calificó como un episodio puntual e inaceptable. Desde el organismo insistieron en que el fútbol debe ser un espacio de convivencia, aunque el incidente ha tenido repercusión internacional y ha sido criticado por diversos medios.
El partido, que debía servir como preparación para próximos compromisos internacionales, terminó así eclipsado por lo ocurrido en las gradas. Incluso se señaló la contradicción de que uno de los jugadores más aclamados, Lamine Yamal, profesa la religión objeto de los cánticos. El encuentro finalizó con empate a 0-0, en un resultado que pasó a un segundo plano.
Más allá del resultado deportivo, el episodio vuelve a poner sobre la mesa el reto de erradicar comportamientos discriminatorios en los estadios. La reacción institucional y la posible aplicación de sanciones marcarán los próximos pasos tras una noche que debía ser una celebración y terminó en polémica.