Son situaciones más frecuentes de lo que parece y, aunque resultan frustrantes, pocas veces terminan arruinando el viaje si se reacciona con calma. Gran parte de los contratiempos se resuelven mejor cuando se han previsto algunos detalles antes de salir de casa y se sabe qué hacer en el momento oportuno.
Antes de hacer la maleta
Muchas incidencias dejan de ser un problema serio cuando la preparación empieza unos días antes del viaje. Guardar una copia del pasaporte en el móvil, enviarse por correo electrónico las reservas del alojamiento o anotar los teléfonos de la aerolínea puede parecer poca cosa, pero son detalles que pueden salvar la situación ante un imprevisto. También merece la pena revisar los horarios unas horas antes de salir hacia el aeropuerto. Algunas compañías modifican la puerta de embarque o adelantan ligeramente el vuelo, y enterarse ya en la terminal suele traducirse en carreras innecesarias.
Si el viaje incluye escalas o varios desplazamientos entre ciudades, conviene dejar un margen razonable entre conexiones. Programar un tren apenas media hora después de aterrizar puede funcionar sobre el papel, pero un pequeño retraso basta para echar abajo todo el itinerario.
Cuando algo sale mal
La primera reacción suele ser buscar una solución inmediata, aunque no siempre es la más eficaz. En un aeropuerto, por ejemplo, merece la pena consultar primero la aplicación de la compañía aérea antes de hacer una larga cola en el mostrador. En muchos casos es posible cambiar el vuelo desde el móvil mientras otros pasajeros esperan turno.
Con el equipaje ocurre algo parecido. Si la maleta no aparece en la cinta, lo importante es presentar la incidencia antes de abandonar la zona de recogida. Esperar a llegar al hotel complica el trámite y puede retrasar la localización del equipaje.
Los problemas con el alojamiento también son habituales. A veces la habitación reservada no existe, las fotografías tienen poco que ver con la realidad o el establecimiento ha cometido un error. Conservar la confirmación de la reserva y hacer fotografías si hay algún problema facilita reclamar con más argumentos.
Cuando el viaje se realiza fuera de España, un seguro de viaje puede ser la diferencia, ya que una cancelación, una urgencia médica o la pérdida del equipaje pueden generar gastos difíciles de asumir si hay que resolverlos por cuenta propia. Según un estudio reciente realizado por Staysure, muchos viajeros consideran que los cambios de horario inesperados son uno de los mayores inconvenientes al viajar, y, seamos sinceros, ¿qué viajero no se ha enfrentado a retrasos o cambios de horario de último momento?
Dejar espacio para improvisar
Querer cumplir un itinerario al pie de la letra suele generar más tensión que satisfacción. Los viajes cambian constantemente y, muchas veces, lo hacen para bien.
Una lluvia inesperada puede obligar a cancelar una excursión por la Costa Amalfitana, pero también convertirse en la excusa perfecta para entrar en una pequeña trattoria familiar donde comen los vecinos del barrio.
También ayuda reservar tiempo entre una actividad y otra. Intentar visitar cinco monumentos en una mañana deja poco margen para detenerse en un mercado local, entrar en una librería o sentarse en una terraza simplemente a observar cómo transcurre el día.
Los imprevistos forman parte de cualquier viaje. Algunos se resuelven en cuestión de minutos; otros obligan a cambiar los planes. La diferencia suele estar en la preparación y en la actitud con la que se afrontan. Mantener cierta flexibilidad y contar con la información necesaria ayuda a que un contratiempo se quede en una simple anécdota.