Barcelona endurece las sanciones por ir sin camiseta o en bañador fuera de las zonas permitidas. Desde febrero, la policía puede multar hasta con 300 euros. La medida afecta tanto a turistas como a residentes. El Ayuntamiento busca frenar conductas incívicas en la vía pública.
Salir a la calle sin camiseta en Barcelona puede salir caro desde este año. El Ayuntamiento ha decidido poner freno a una costumbre muy extendida, sobre todo en los meses de calor, y desde el 15 de febrero aplica multas de hasta 300 € a quienes circulen parcialmente desnudos por la vía pública. La actualización de la Ordenanza de Convivencia, que llevaba casi dos décadas sin cambios relevantes, endurece así las sanciones para quienes no respeten las normas de vestimenta en espacios urbanos.
La nueva normativa prohíbe caminar o permanecer completamente desnudo en calles y plazas, salvo en eventos autorizados expresamente por la alcaldía. Además, queda vetado el uso de ropa de baño fuera de playas, piscinas o zonas habilitadas, una imagen habitual entre turistas en verano. Eso sí, los paseos marítimos y las calles pegadas a la playa quedan fuera de esta restricción, permitiendo cierta flexibilidad en el litoral.
Uno de los puntos que más debate ha generado es la prohibición de ir sin camiseta, camisa u otra prenda que cubra el torso en cualquier espacio público. Esta medida afecta especialmente a hombres, tanto vecinos como visitantes, que suelen prescindir de la parte superior en días de calor. La ordenanza contempla excepciones para quienes practiquen deporte o actividad física, pero el resto deberá cubrirse si no quiere arriesgarse a una sanción.
La normativa también impide llevar prendas, accesorios u objetos que representen explícitamente genitales humanos o tengan un carácter sexual evidente, salvo autorización municipal específica. Las multas por incumplir estas reglas oscilan entre 120 y 300 euros, siempre que la conducta se considere incívica o altere el orden público. Antes de sancionar, la policía debe advertir al infractor y solo multar si persiste en su actitud.
El Ayuntamiento ha anunciado que, para evitar que los turistas eludan el pago, ampliará el cobro inmediato de las sanciones a todas las infracciones cometidas por personas no residentes. Así, la ciudad busca reforzar la convivencia y evitar imágenes que, según el consistorio, dañan la imagen de Barcelona.
La Ordenanza de Convivencia de Barcelona nació en 2005 como respuesta a la necesidad de regular el uso de los espacios públicos en una ciudad cada vez más visitada y diversa. A lo largo de los años, ha ido adaptándose a los cambios sociales y a las nuevas formas de ocio urbano. La última revisión, aprobada en diciembre, no solo endurece las sanciones por vestimenta inapropiada, sino que también refuerza el control sobre el ruido, la limpieza y el consumo de alcohol en la calle. Estas medidas buscan equilibrar la vida cotidiana de los barceloneses con la afluencia constante de turistas, manteniendo el carácter abierto de la ciudad sin renunciar al respeto por las normas básicas de convivencia.