La propuesta tiene algo de plan escondido, aunque el edificio sea uno de los iconos de la ciudad. No todos los días se puede sentar uno en el Pabellón al caer la noche para ver cine rodeado de mármol, cristal, agua y silencio urbano, lejos del formato habitual de las salas comerciales.
Este año, la programación gira alrededor de Barcelona y de las muchas formas de mirarla. Las tres películas elegidas recorren épocas, barrios y realidades distintas: la ciudad desaparecida del Somorrostro, la Barcelona de los años noventa y una mirada más reciente a la vida cotidiana de quienes trabajan puerta a puerta.
El ciclo arrancará el 6 de julio a las 21:30 con “Los Tarantos”, de Francesc Rovira-Beleta. La película, inspirada libremente en “Romeo y Julieta” y “Bodas de sangre”, recupera la memoria de la Barcelona gitana y del antiguo barrio del Somorrostro, con la presencia inolvidable de Carmen Amaya.
La sesión contará con la presentación de los hijos del director, lo que añade una capa especial a la proyección. No será solo ver una película histórica, sino volver a una Barcelona que ya no existe físicamente, pero que sigue formando parte de la memoria cultural de la ciudad.
La segunda cita llegará el 3 de agosto, también a las 21:30, con “Costa Brava (Family Album)”. La película, presentada por Marta Balletbò-Coll y Celia Marín, narra el inicio de una relación entre Anna, guía turística con inquietudes artísticas, y Montserrat, ingeniera estadounidense, entre Barcelona y la Costa Brava.
El filme ofrece una mirada íntima, luminosa y algo nostálgica de los años noventa, con humor, deseo y paisajes mediterráneos. En el contexto del ciclo, funciona como una forma de ver la ciudad desde sus afectos, sus escapadas y sus vínculos con el litoral.
La programación se cerrará el 7 de septiembre a las 21:00 con “Seis días corrientes”, de Neus Ballús. La película se adentra en la rutina de tres fontaneros reales que recorren casas, patios, escaleras y calles, mostrando una Barcelona menos monumental y mucho más cercana.
Esa última sesión conecta especialmente bien con la idea del ciclo: mirar la ciudad desde lugares que normalmente pasan desapercibidos. No la Barcelona de postal, sino la que aparece detrás de una persiana, en una reparación doméstica o en una conversación breve entre vecinos.
Las entradas están disponibles online y conviene comprarlas con antelación. El precio, dos euros, hace que el plan sea muy accesible, pero el aforo limitado del Pabellón puede dejar fuera a quienes esperen demasiado.
El Pabellón Mies van der Rohe fue construido para la Exposición Internacional de 1929 y se ha convertido en una referencia mundial de la arquitectura moderna. Su presencia junto a Montjuïc, entre la Fuente Mágica y los grandes recintos culturales de la zona, lo convierte en un escenario especialmente potente para ver cine sobre Barcelona.
Pantalla Pavelló propone algo más que tres proyecciones de verano. Es una invitación a mirar la ciudad desde otro ritmo: sentarse al aire libre, entrar en un edificio excepcional y descubrir cómo el cine también guarda barrios, memorias y formas de vida que Barcelona no siempre enseña a primera vista.