El Ayuntamiento ha detectado casi 400 irregularidades en comercios cerca del Park Güell. Las sanciones afectan a la vida diaria de vecinos y visitantes. El cierre de locales por motivos eléctricos y sanitarios marca un precedente. La vigilancia municipal se intensifica en zonas turísticas clave.
La rutina de quienes viven o pasean cerca del Park Güell se ha visto alterada tras una inspección municipal que ha sacudido la zona. El Ayuntamiento de Barcelona ha revisado una treintena de establecimientos en los alrededores del emblemático parque y ha destapado cerca de 400 infracciones en apenas unos días.
Las faltas más frecuentes afectan directamente al entorno urbano: 151 casos de incumplimiento de las normas de ordenación y convivencia, que repercuten en la imagen y el uso cotidiano del barrio. Además, 125 infracciones están relacionadas con licencias, lo que pone en entredicho la legalidad de muchas actividades comerciales en una de las áreas más transitadas por turistas y residentes.
La lista de irregularidades no termina ahí. Los inspectores han detectado también problemas en materia laboral, deficiencias sanitarias, mala gestión de residuos y venta de souvenirs fuera de la normativa. Como consecuencia inmediata, cinco locales han sido precintados: cuatro por trabajos eléctricos no autorizados y uno más por la presencia de plagas, lo que ha obligado a cerrar sus puertas por motivos de salud pública.
Esta intervención municipal no solo busca proteger la seguridad y el bienestar de quienes frecuentan la zona, sino que también lanza un mensaje claro sobre la vigilancia en los puntos turísticos más emblemáticos de Barcelona. El refuerzo de los controles pretende garantizar que la actividad comercial respete tanto la normativa como la convivencia vecinal.
El Park Güell, uno de los espacios más visitados de Barcelona, es mucho más que una atracción turística. Su entorno inmediato ha experimentado en los últimos años una transformación marcada por la presión del turismo y la proliferación de comercios orientados a visitantes. Esta dinámica ha generado tensiones entre la actividad económica y la vida cotidiana de los barrios colindantes, obligando a las autoridades a intensificar la supervisión y a buscar un equilibrio entre el atractivo internacional del parque y la calidad de vida local.