El proyecto está siendo desarrollado por el Centre Internacional de Mètodes Numèrics a l’Enginyeria (CIMNE), que comenzó los trabajos en mayo por encargo de la Generalitat. El propio centro identifica el proyecto como una herramienta de predicción de viviendas vacías mediante inteligencia artificial e integración de diferentes bases de datos.
El modelo combinará información que hasta ahora estaba dispersa. Entre los datos previstos figuran los consumos de agua y electricidad, el padrón municipal y las comprobaciones realizadas presencialmente por algunos ayuntamientos. Al cruzarlos, el sistema podrá señalar qué inmuebles presentan indicios de estar realmente desocupados.
La principal diferencia está en el tiempo necesario para obtener esa información. Hasta ahora, determinar oficialmente si una vivienda estaba vacía podía exigir inspecciones presenciales y procedimientos municipales mucho más lentos. El nuevo modelo pretende ayudar a los consistorios a identificar situaciones sospechosas de manera más rápida antes de realizar las comprobaciones que correspondan.
El objetivo del Govern es elaborar a partir de 2027 un mapa de prevalencia de viviendas vacías que permita saber en qué municipios y zonas se concentra el fenómeno. No se ha anunciado que vaya a convertirse en un mapa público con las direcciones individuales de cada piso, sino en una herramienta para orientar las políticas de vivienda de la Generalitat y los ayuntamientos.
La estrategia anunciada tampoco pone las sanciones en primer plano. El director general de Vivienda, Jordi Mas, ha defendido que los datos sirvan principalmente para contactar con los propietarios y ofrecer incentivos que faciliten la movilización de los inmuebles, antes que recurrir a penalizaciones o medidas como la expropiación.
Para Barcelona, donde encontrar una vivienda asequible continúa siendo especialmente complicado, disponer de datos más precisos permitirá distinguir mejor entre pisos realmente abandonados y viviendas temporalmente sin ocupar por una mudanza, una herencia, una reforma u otras circunstancias. La herramienta, por tanto, no convierte automáticamente una vivienda con poco consumo en un piso vacío: será el cruce de distintos indicadores el que permita afinar la identificación.
El verdadero impacto llegará cuando el mapa esté terminado y las administraciones decidan qué hacer con la información. Si el sistema logra localizar viviendas que llevan largos periodos fuera de uso, los ayuntamientos tendrán una nueva vía para dirigirse a sus propietarios e intentar incorporarlas de nuevo al parque residencial en los lugares donde encontrar piso resulta más difícil.