La diferencia respecto al año 2000 será especialmente intensa en esta franja costera. Castelldefels podría sumar unos 80 días más afectados por episodios de calor extremo, Vilanova i la Geltrú 73, El Prat 72 y Gavà 71. Viladecans también aparece entre las diez ciudades con mayor incremento previsto.
El patrón sitúa al Baix Llobregat y al Garraf en una posición especialmente expuesta. Barcelona aparece más abajo, en el puesto 24 entre los 161 municipios de más de 40.000 habitantes analizados, mientras Badalona ocupa el 19 y Mataró el 29.
Las proyecciones proceden del Atlas de Vulnerabilidad al Calor, desarrollado por el laboratorio urbano trescientosmil junto al Barcelona Supercomputing Center. La herramienta utiliza hasta 70 simulaciones climáticas y cruza esos datos con factores como la calidad de las viviendas, la renta, el verde urbano o el acceso a servicios.
La temperatura, sin embargo, no explica por sí sola quién sufrirá más. Otro estudio reciente sitúa a más de 905.000 habitantes del área metropolitana, alrededor del 27% de la población, en barrios donde coinciden una elevada exposición al calor y una mayor vulnerabilidad social.
Esos puntos calientes se concentran sobre todo en dos grandes corredores metropolitanos. En el eje del Llobregat aparecen zonas de L’Hospitalet, Cornellà, El Prat y Sant Boi; en el del Besòs, barrios de Sant Adrià, Santa Coloma, Nou Barris y Badalona. Edificios antiguos, poca sombra y menos recursos económicos amplifican allí el impacto de cada episodio.
La vida cotidiana tendrá que adaptarse a esa nueva frecuencia. Viviendas que tardan más en refrescarse, noches con peor descanso, mayor demanda de aire acondicionado y más presión sobre piscinas, bibliotecas y refugios climáticos serán escenas cada vez menos excepcionales durante los meses cálidos.
El mapa deja una paradoja para el entorno de Barcelona: algunos municipios costeros a los que tradicionalmente se escapa buscando aire y playa estarán precisamente entre los que más días extremos ganen hasta 2050. La diferencia entre soportarlos mejor o peor dependerá cada vez más de la sombra en las calles, el aislamiento de las casas y la capacidad de cada barrio para ofrecer lugares donde refrescarse.