El calor no ha sido una sensación aislada de la capital catalana. En el 95% del territorio, las temperaturas han superado en más de un grado la media habitual, con zonas de la Noguera, el Solsonès o el macizo del Garraf donde la anomalía ha pasado de los dos grados.
Abril fue el mes que más rompió el ritmo de la estación. Una masa de aire africano disparó los termómetros por encima de los 35 grados en varios puntos de Cataluña y dejó récords tanto de máximas como de mínimas. En Barcelona, esa entrada cálida adelantó sensaciones más propias de junio que de plena primavera.
Las noches tropicales también llegaron antes de lo normal. En barrios como Gràcia, el Eixample o zonas más densas del centro, el calor nocturno se nota más por la acumulación de edificios, tráfico y poca ventilación en algunas calles. Para muchos vecinos, el problema no es solo el pico de temperatura, sino no poder refrescar la vivienda por la noche.
La lluvia tampoco ha acompañado. Más del 60% de Cataluña ha vivido una primavera seca, con precipitaciones por debajo de lo esperado en buena parte del territorio. Las excepciones se han concentrado en áreas del Pirineo y del macizo del Port, lejos del patrón que habría aliviado de forma más clara a Barcelona y su entorno.
En la ciudad, la falta de agua se nota especialmente en parques, jardines y arbolado urbano. No se ha llegado a una situación comparable a la sequía de 2023, pero tampoco se ha repetido el alivio de las lluvias de 2025. La primavera ha dejado una sensación intermedia: menos emergencia, pero todavía con el agua como preocupación de fondo.
El Observatori Fabra vuelve a ser clave para medir la dimensión del episodio. Sus registros, tomados desde la ladera del Tibidabo desde 1904, permiten comparar la Barcelona actual con más de un siglo de datos y ver hasta qué punto el calor reciente se sale de lo habitual.
Para quienes viven en Barcelona, la noticia no se queda en una cifra meteorológica. Una primavera así cambia horarios, sueño, consumo de agua, uso de parques y forma de moverse por la ciudad. El verano aún no ha empezado oficialmente, pero Barcelona ya llega a junio con señales claras de una temporada más exigente para la vida urbana.