El despliegue sumará más de 14.800 metros cuadrados de sombra adicional. La actuación llegará a 38 áreas de juego, 21 espacios urbanos y 16 patios escolares, con especial atención a zonas donde plantar árboles no es fácil o donde el calor se acumula durante horas.
La medida busca proteger sobre todo a niños, personas mayores y vecinos que pasan mucho tiempo en la calle durante los meses más calurosos. En una ciudad densa, con mucho pavimento y barrios con poca sombra natural, un toldo o una estructura bien colocada puede cambiar la experiencia de una plaza o de un patio.
El Ayuntamiento apuesta por soluciones rápidas, como velas, toldos y estructuras modulares. No sustituyen al arbolado, pero permiten ganar sombra en menos tiempo y en lugares donde una intervención verde tardaría años en dar resultados visibles.
El plan también mira a espacios emblemáticos. Ya se han adjudicado tres instalaciones singulares en el paseo Marítim, la plaza Comercial y la avenida del Portal de l’Àngel. Estarán listas entre 2027 y 2028 y añadirán más de 5.000 metros cuadrados de sombra en zonas muy transitadas.
Según estudios municipales, estas instalaciones pueden reducir la radiación solar directa hasta un 80% y mejorar el confort térmico en más de 7 grados de media. La orientación de las velas, el tipo de pavimento y la circulación del aire serán claves para que la sombra realmente se note.
Durante el verano de 2026, los usuarios podrán valorar las nuevas sombras mediante encuestas digitales en 40 áreas de juego. El Ayuntamiento también seguirá midiendo su impacto en escuelas y espacios urbanos para ajustar futuros diseños.
La estrategia forma parte del Programa d’Ombres y se conecta con otras medidas contra el calor, como los refugios climáticos, los juegos de agua y las más de 1.700 fuentes de agua potable repartidas por Barcelona. El objetivo no es solo embellecer la ciudad, sino permitir que niños, familias y vecinos sigan usando el espacio público cuando el sol aprieta.
El avance de estas nuevas sombras deja una imagen muy concreta del verano urbano que viene. Barcelona ya no puede depender solo de árboles futuros o de refugios interiores: necesita soluciones visibles, cercanas y rápidas para que una zona de juego, una plaza o un patio escolar no se conviertan en lugares imposibles durante las horas más calurosas.