La sensación de verano será evidente desde primera hora. La madrugada ya dejará valores altos en buena parte de la ciudad, especialmente en los barrios más próximos al mar y en zonas densas donde el asfalto retiene el calor durante más tiempo.
A medida que avance la mañana, el cielo se mantendrá despejado y la temperatura subirá con rapidez. El mediodía será el tramo más incómodo para caminar, hacer deporte o moverse por zonas sin sombra, mientras que por la tarde la humedad puede aumentar la sensación de bochorno.
Las máximas podrían subir un par de grados respecto al martes. No será todavía el punto más extremo del episodio, pero sí una jornada suficientemente calurosa como para adaptar horarios, evitar esfuerzos en las horas centrales y llevar agua si se pasa tiempo en la calle.
La noche tampoco traerá demasiado alivio. Barcelona encadenará otra noche tropical, con temperaturas que no bajarán de los 20 grados en muchos barrios. Este tipo de noches complica el descanso, sobre todo en viviendas mal ventiladas o sin aire acondicionado.
El cielo seguirá dominado por el sol, aunque pueden aparecer algunos bancos de nubes bajas en la costa, especialmente hacia el Alt Maresme. En Barcelona serán más puntuales, pero el jueves podrían aparecer intervalos costeros y, más tarde, nubes altas y medias que dejarán un cielo más blanquecino.
El final de la semana vendrá marcado por aire cálido de origen sahariano y polvo en suspensión, impulsados por una perturbación situada cerca de las Azores. El viernes no se descarta algún chubasco disperso, aunque sería poco relevante y no rompería la dinámica general de calor.
El episodio llega justo antes del solsticio de verano y recuerda que el calor en Barcelona ya no afecta solo a las playas o a las terrazas. También condiciona el sueño, los trayectos en transporte público, el trabajo al aire libre y la vida diaria en barrios donde encontrar sombra o un espacio fresco puede marcar la diferencia.