La cita arrancará con una recepción institucional en el Saló de Cent, uno de los espacios más simbólicos del Ayuntamiento. No será solo una bienvenida protocolaria: Barcelona quiere aprovechar el congreso para reforzar su papel como ciudad laboratorio, capaz de pensar su futuro a partir de la arquitectura y el urbanismo.
El alcalde, Jaume Collboni, ha destacado el trabajo del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya y de la UIA para traer de nuevo este encuentro a la ciudad. Barcelona ya acogió una edición histórica hace tres décadas, y ahora vuelve a hacerlo en un momento marcado por retos muy distintos.
La vivienda, el calor, la movilidad, la transformación del litoral y la necesidad de ganar espacios más habitables atraviesan buena parte de la agenda urbana. Por eso, el congreso llega en un momento especialmente sensible para una ciudad que debate cómo crecer sin perder calidad de vida.
Uno de los grandes focos estará en el Besòs. La inauguración se celebrará en el entorno de las Tres Xemeneies, un icono industrial que Barcelona y Sant Adrià quieren convertir en pieza clave de la nueva etapa metropolitana. El mensaje es claro: el futuro urbano ya no se juega solo en el centro, sino también en los bordes que durante años quedaron marcados por infraestructuras, industria y desigualdad.
La transformación del Besòs forma parte de una mirada más amplia hacia 2035. Barcelona trabaja en proyectos como el nuevo Montjuïc, la Sagrera, la Marina y la renovación de la línea de costa, operaciones que pueden modificar la relación entre barrios, transporte, vivienda, actividad económica y espacios verdes.
Collboni ha defendido la necesidad de combinar tecnología y humanismo en las soluciones urbanas. La idea de fondo es que la arquitectura no se limite a diseñar edificios, sino que ayude a responder a preguntas muy concretas: dónde vivirá la gente, cómo se moverá, cómo se protegerá del calor y qué espacios compartirá.
En ese debate, las Tres Xemeneies tienen una carga simbólica evidente. Durante décadas marcaron el perfil industrial del litoral del Besòs. Ahora se presentan como un posible escenario de nuevos usos vinculados a la economía sostenible, la cultura, la innovación y la reflexión urbana.
La presencia de arquitectos y urbanistas de todo el mundo dará visibilidad internacional a proyectos que afectan directamente a la vida cotidiana de Barcelona. Detrás de los grandes conceptos hay cuestiones muy próximas: barrios mejor conectados, calles más frescas, equipamientos útiles y una metrópolis menos fragmentada.
El congreso no resolverá por sí solo los problemas de la ciudad, pero sí puede acelerar conversaciones importantes. Barcelona llega a esta cita con una pregunta encima de la mesa: cómo seguir siendo una ciudad deseada sin convertirse en una ciudad imposible para quienes la habitan.
Durante unos días, el Saló de Cent, el Besòs y otros espacios urbanos funcionarán como escaparate y campo de debate. La arquitectura mirará a Barcelona, pero Barcelona también tendrá que mirarse a sí misma: a sus barrios, a sus límites y a la forma en que quiere vivir las próximas décadas.