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Barcelona quiere encarecer las escalas cortas de cruceros desde 2027

Barcelona prepara un nuevo movimiento para frenar los cruceros de escala. El Ayuntamiento estudia aplicar en 2027 una subida fuerte del recargo turístico municipal que pagan los pasajeros que pasan pocas horas en la ciudad, una medida que puede encarecer de forma notable las visitas rápidas desde los barcos.

Foto por Solarisys / Shutterstock / FOTODOM
Por · Barcelona ·

La propuesta afecta sobre todo a los cruceristas de escala, es decir, quienes desembarcan durante unas horas y vuelven al barco sin dormir en Barcelona. Para el consistorio, este tipo de turismo concentra mucha presión en poco tiempo, deja menos gasto que otros visitantes y satura zonas ya muy cargadas del centro.

El plan pasa por acelerar una subida que inicialmente estaba prevista de forma progresiva. En lugar de esperar a los próximos años, Barcelona quiere elevar antes el recargo municipal y acercarlo al máximo permitido, con la vista puesta en las ordenanzas fiscales de 2027.

La medida encaja con una idea que el gobierno municipal lleva meses repitiendo: reducir el peso de los cruceros de paso y favorecer los barcos que tienen Barcelona como puerto base. Estos últimos suelen generar más pernoctaciones, más actividad hotelera y una relación más larga con la ciudad.

El debate no es menor para barrios como el Gòtic, la Rambla, el frente marítimo o el entorno de Drassanes. Cuando llegan varios cruceros en pocas horas, miles de personas se concentran en los mismos recorridos, usan transporte, ocupan espacio público y aumentan la presión sobre zonas donde los vecinos ya conviven con un turismo muy intenso.

Para los visitantes, el cambio se notaría en el coste final de la escala. Para las navieras, puede alterar la forma de programar rutas por el Mediterráneo. Y para Barcelona, abre otra discusión sobre qué tipo de turismo quiere atraer y cuánto debe pagar quien usa la ciudad durante unas horas.

La propuesta todavía necesita recorrido político y encaje con la Generalitat, porque la fiscalidad turística depende de varios niveles. También puede generar tensión con el sector de los cruceros, que defiende su impacto económico y su capacidad para atraer actividad al puerto y a la ciudad.

Para los vecinos, la clave estará en si la subida sirve solo para recaudar más o si realmente cambia la presión en las calles. Barcelona no discute ya si los cruceros impactan en la ciudad, sino cuánto espacio deben ocupar en su modelo turístico y quién debe asumir el coste de esa presencia.

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Javier Montellà
Javier Montellà
Periodista, editor profesional
Publicado ID48699

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