El cambio forma parte del nuevo plan metropolitano que busca reducir emisiones y transformar la forma de moverse por la ciudad. Hasta ahora, los coches con distintivo amarillo podían circular en la Zona de Bajas Emisiones (ZBE), pero la normativa se endurece para acelerar la transición.
La estrategia no se limita a la capital. Municipios como Sant Andreu de la Barca o Martorell deberán adaptarse a las nuevas reglas, dentro de un objetivo más amplio: que los 36 municipios del área metropolitana revisen su modelo de movilidad.
El calendario apunta a un horizonte claro. De aquí a 2030, los motores de combustión irán perdiendo presencia en favor de alternativas más limpias. El impacto se notará en la calidad del aire, pero también en el día a día de quienes dependen del coche para desplazarse.
La medida ha contado con un amplio respaldo político en el consejo metropolitano, aunque no exento de debate. El endurecimiento de la ZBE vuelve a situar la movilidad en el centro de la agenda urbana.
El Área Metropolitana de Barcelona juega un papel clave en esta transformación. Su capacidad para coordinar transporte, medio ambiente y planificación urbana convierte estas decisiones en un punto de inflexión para el futuro de Barcelona y su entorno.