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Barcelona prueba tres pinturas para reducir el calor en edificios

Barcelona probará este verano una solución sencilla en apariencia, pero con potencial para mejorar el confort dentro de los edificios: pintar cubiertas con materiales capaces de reflejar más radiación solar y acumular menos calor. El experimento arrancará en Les Corts, en la cubierta del Institut Escola Tres Fonts.

Un trabajador usa una pintura reflectante que potencialmente reducirá las temperaturas dentro del edificio

Por · Barcelona ·

El objetivo es comprobar si determinados tipos de pintura pueden reducir la temperatura interior de los edificios sin alterar la imagen tradicional de las azoteas barcelonesas. La idea no es cubrirlo todo de blanco, sino encontrar soluciones que enfríen sin romper la estética habitual de la ciudad.

La prueba comparará tres acabados distintos: una pintura blanca, una terracota convencional y una terracota con pigmentos reflectantes. Esta última es una de las opciones más interesantes, porque busca mantener el color característico de muchas cubiertas mientras mejora su comportamiento frente al sol.

El problema es cada vez más evidente. En verano, las cubiertas reciben muchas horas de radiación y pueden convertirse en una fuente de calor que se transmite al interior de viviendas, escuelas y equipamientos. En edificios mal aislados o con poca ventilación, esa acumulación empeora el descanso y aumenta la necesidad de refrigeración.

El experimento también quiere medir si estas pinturas ayudan a reducir el consumo energético. Si una cubierta se calienta menos, el edificio necesita menos aire acondicionado para mantener una temperatura aceptable, algo importante en una ciudad donde las olas de calor son más frecuentes y las noches tropicales dejan cada vez menos margen de recuperación.

La prueba se completará en las instalaciones de Vibrantz Technologies, donde se utilizarán dos casetas idénticas pintadas con terracota convencional y terracota reflectante. Ambas tendrán el aire acondicionado limitado a 27 grados, lo que permitirá comparar el consumo eléctrico y comprobar si la pintura innovadora logra reducir la demanda de refrigeración.

Los técnicos también analizarán el potencial del enfriamiento radiativo, un proceso pasivo que permite a algunas superficies liberar calor hacia el exterior, especialmente durante noches despejadas. Este mecanismo puede ser clave para que los edificios no solo se calienten menos de día, sino que también pierdan calor con más facilidad de noche.

El seguimiento se hará con sensores que medirán temperatura, humedad, irradiancia solar y consumo eléctrico. La intención es disponer de datos reales antes de decidir si estas soluciones pueden extenderse a más cubiertas, escuelas, equipamientos o rehabilitaciones urbanas.

La iniciativa forma parte de la estrategia municipal para adaptar Barcelona al calor extremo. El Pla Calor incluye medidas para reducir el efecto isla de calor, mejorar el confort térmico y proteger a la población en una ciudad densa, con mucho asfalto y edificios que no siempre fueron pensados para veranos tan duros.

En barrios como Les Corts, el experimento puede parecer pequeño, pero apunta a una pregunta importante: cómo hacer que los edificios sean más habitables sin grandes obras y sin disparar el gasto energético. Pintar una cubierta no resolverá por sí solo el cambio climático, pero puede ser una pieza más en la adaptación cotidiana de la ciudad.

Barcelona busca así soluciones que no se queden en grandes planes sobre el papel. Si los resultados funcionan, las azoteas podrían convertirse en aliadas contra el calor: superficies discretas, visibles desde arriba, pero decisivas para que dentro de casa, de una escuela o de un equipamiento se pueda vivir mejor cuando el termómetro aprieta.

Fuente: Ajuntament de Barcelona.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID48997

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