La propuesta pasa por construir viviendas más pequeñas y adaptadas a distintos perfiles, lo que permitiría encajar más hogares en el mismo espacio previsto. El plan actual contempla 1.783 viviendas, con un 40% destinadas a protección oficial, pero ahora se estudia cómo incrementar esa oferta sin modificar el reparto ni retrasar el calendario. La clave está en ajustar el tamaño medio de los pisos y diversificarlos para responder mejor a la realidad actual: más personas viviendo solas, parejas sin hijos o familias con estructuras diferentes.
La idea cuenta con respaldo institucional y vecinal, aunque obliga a equilibrar densidad, calidad de vida y servicios para evitar saturar el entorno. Si se confirma, el cambio marcaría un giro importante en cómo se planifica la vivienda pública en la ciudad, apostando por aprovechar mejor cada metro cuadrado sin renunciar a la accesibilidad ni a la habitabilidad.
Si buscas vivienda en Barcelona o en su área metropolitana, este tipo de cambios puede traducirse en más oportunidades reales de acceso, especialmente si encajas en perfiles que hasta ahora tenían menos opciones. También puede influir en cómo crecen los barrios, con más densidad pero mejor pensada, lo que afecta a precios, servicios y calidad de vida en los próximos años.