El plan llega después de décadas de renovaciones, pero todavía quedan mercados importantes pendientes de una puesta al día. Entre los espacios incluidos aparecen la Boqueria, la Mercè, Galvany, la Estrella, Horta, Sant Martí, Canyelles, Hostafrancs y Felip II, con distintos ritmos según el estado de cada proyecto.
La inversión anual rondará los 25 millones de euros y forma parte del Plan Estratégico de Mercados, que mira hasta 2036. La hoja de ruta combina obras, mantenimiento, digitalización, sostenibilidad y formación, con la idea de reforzar unos equipamientos que siguen siendo mucho más que lugares donde comprar comida.
El impacto económico no es menor. Los mercados municipales generan el 3,4% del PIB de Barcelona y representan el 15% del comercio de la ciudad, con una actividad anual estimada en 561 millones de euros. En muchos barrios, además, funcionan como pequeñas plazas cubiertas: se compra, se conversa, se desayuna y se mantiene vivo el comercio de proximidad.
La renovación también busca ayudar a los paradistas a adaptarse a una clientela que ya no compra igual que hace veinte años. El plan prevé más apoyo empresarial, ayudas para nuevos negocios, asesoramiento económico y legal, y herramientas para facilitar el relevo generacional en un sector donde cada traspaso puede decidir el futuro de una parada.
La digitalización será otro frente importante. Barcelona quiere impulsar canales de venta online, reparto a domicilio y sistemas de recogida como el click&collect, aunque el cambio se hará de la mano de los comerciantes. La dificultad está en modernizar sin romper la relación cercana que muchos vecinos siguen buscando cuando van al mercado.
La parte ambiental también ganará peso. Diecisiete mercados ya tienen placas solares y se prevé instalarlas en quince más. Además, 35 recintos cuentan con iluminación LED, mientras la reducción de residuos, la recogida selectiva y el uso de envases más sostenibles pasan a formar parte del día a día de estos equipamientos.
La reforma de los mercados habla de una Barcelona que intenta proteger su comercio de barrio mientras la compra diaria cambia de forma acelerada. En la práctica, no se trata solo de renovar edificios: cada mercado que funciona bien ayuda a mantener calles con actividad, vecinos que compran cerca de casa y barrios menos dependientes de grandes superficies o del turismo.