La nueva hoja de ruta, bautizada como plan Druida, combina cinco ámbitos de actuación: el control de los puntos de venta de droga, las medidas administrativas, la vigilancia del tráfico y la seguridad vial, la atención sanitaria y las campañas de prevención. El objetivo es abordar el fenómeno desde una perspectiva más amplia, actuando no solo contra la venta de sustancias, sino también sobre sus consecuencias sociales y de salud pública.
Uno de los principales focos seguirá siendo la actividad de los clubes cannábicos. El Ayuntamiento sostiene que muchos de ellos acumulan expedientes abiertos y anuncia que intensificará tanto la vía administrativa como la penal para intentar clausurar aquellos establecimientos que incumplan la normativa. No obstante, reconoce que las resoluciones judiciales y el actual marco legal dificultan el cierre definitivo de numerosas asociaciones.
Según datos municipales, en Barcelona continúan funcionando alrededor de 200 clubes cannábicos, una cifra que apenas ha variado en los últimos años pese a las campañas de control. Las autoridades consideran que parte de estos locales han dejado de ser simples espacios de consumo privado para convertirse en puntos de contacto utilizados por redes dedicadas al tráfico de drogas.
El plan también presta especial atención a otros problemas vinculados al consumo de estupefacientes. En lo que va de año, la Guardia Urbana ha desmantelado decenas de puntos de venta y ha intervenido en viviendas ocupadas utilizadas para actividades relacionadas con el narcotráfico. Además, el consistorio reforzará los controles de conducción bajo los efectos de las drogas y mejorará los sistemas de seguimiento para detectar con mayor rapidez nuevas situaciones de riesgo.
Esta nueva ofensiva refleja la intención del Ayuntamiento de reforzar la lucha contra el tráfico de drogas desde distintos frentes y con una coordinación más estrecha entre los servicios policiales, sanitarios y sociales. El reto pasa por reducir el impacto de estas actividades en los barrios sin perder de vista la complejidad jurídica que rodea a los clubes cannábicos y que, hasta ahora, ha dificultado su desaparición de la ciudad.