Actualmente funcionan seis puntos repartidos por distintos barrios. El sistema es sencillo: basta con registrarse gratuitamente como socio, consultar el catálogo en bibliodecoses.cat y reservar el objeto que se necesite. El abanico es amplio y sorprendente: herramientas de bricolaje, electrodomésticos poco habituales, material de camping, carritos o incluso cunas para bebés.
El préstamo tiene un precio que va de 1 a 5 €, dependiendo del tipo de artículo y del tiempo de uso. Una cantidad mínima si se compara con el coste de adquirir objetos que, en la mayoría de hogares, acaban guardados durante años en un armario.
El proyecto responde a una tendencia creciente: reducir el consumo innecesario y favorecer un uso más eficiente de los recursos. Para muchos vecinos, estas bibliotecas han pasado de ser una curiosidad a convertirse en un servicio cotidiano que permite ahorrar dinero, evitar compras impulsivas y reforzar la idea de comunidad.
Barcelona, que ya ha experimentado con modelos de economía circular en otros ámbitos, parece dispuesta a expandir esta red. De momento, la demanda crece semana a semana y demuestra que, en tiempos de inflación y conciencia ambiental, compartir es algo más que una buena intención: es una alternativa real que funciona.