El proyecto cuenta con una financiación de 9,8 millones de euros y forma parte de la estrategia europea para desplegar ordenadores cuánticos en centros de supercomputación públicos. Esa red busca que investigadores, administraciones y empresas puedan acceder a tecnología propia, sin depender siempre de proveedores externos en un ámbito que ya se considera estratégico para la soberanía digital de la Unión Europea.
EuroQCS-Spain permitirá avanzar en computación híbrida, una fórmula que mezcla cálculo tradicional y cuántico. Este enfoque puede ser útil en campos como matemáticas, criptografía, física, química molecular, logística o entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, donde algunos problemas son demasiado pesados para abordarlos solo con métodos convencionales.
El nuevo sistema se suma al camino abierto por MareNostrum-Ona, el primer ordenador cuántico español con tecnología europea, presentado en 2025 en el BSC. Aquella instalación ya se concibió como una partición cuántica integrada en el ecosistema de MareNostrum 5, disponible para la comunidad investigadora y conectada con la Red Española de Supercomputación.
Uno de los puntos más relevantes para Barcelona es el papel de la empresa catalana Qilimanjaro Quantum Tech, especializada en ordenadores cuánticos analógicos y desarrollo tecnológico de pila completa. Su participación refuerza un ecosistema local donde centros públicos, universidades y compañías emergentes empiezan a moverse en una misma dirección: construir tecnología propia y no limitarse a consumirla.
La instalación en el BSC también tiene un valor simbólico. La capilla de Torre Girona, un edificio histórico desacralizado en Les Corts, ya fue el hogar de varias generaciones de superordenadores MareNostrum. Ahora vuelve a funcionar como escaparate de una ciencia que parece de futuro, pero que empieza a tener aplicaciones muy concretas en salud, clima, materiales, seguridad digital e inteligencia artificial.
Para Barcelona, la llegada de EuroQCS-Spain no es solo una noticia tecnológica. Refuerza la posición de la ciudad en un mapa europeo donde la computación avanzada, la IA y la ciberseguridad decidirán buena parte de la competitividad científica y económica de los próximos años. Si MareNostrum 5 ya situaba al BSC entre los grandes centros de cálculo del continente, la capa cuántica añade una ambición más: que una parte del futuro digital europeo se pruebe, se programe y se entienda desde Barcelona.