En total, el Ayuntamiento activó 11 cámaras de videovigilancia entre la plaça del Mar y el entorno de la calle Trelawny. Los dispositivos no apuntan directamente a la zona de baño, sino a los accesos y puntos de entrada a las playas, donde cada Sant Joan se concentran miles de personas durante horas.
La medida formó parte del dispositivo especial de seguridad desplegado para la verbena. Guardia Urbana, Mossos d’Esquadra, Bombers de Barcelona, servicios sanitarios, limpieza, informadores y transporte público reforzado trabajaron durante toda la noche para gestionar aglomeraciones, incidentes y salidas escalonadas del litoral.
La Barceloneta volvió a ser uno de los puntos más sensibles de la celebración. Cenas en la arena, música, petardos y grupos que alargaron la noche hasta primera hora de la mañana llenaron los accesos a la playa y obligaron a mantener una vigilancia constante en el entorno.
Las cámaras se plantean como una herramienta preventiva y probatoria. Su función es ayudar a detectar situaciones de riesgo, mejorar la respuesta policial y facilitar la investigación si se producen delitos o altercados en una zona donde la acumulación de personas complica la intervención directa.
La videovigilancia se combinó con otros recursos tecnológicos, como el uso de drones para controlar aglomeraciones y puntos conflictivos del litoral. La imagen de Sant Joan en Barcelona ya no depende solo de patrullas a pie y servicios de emergencia: cada vez incorpora más herramientas de control en tiempo real.
A primera hora de la mañana, la prioridad pasó a ser el desalojo de la arena y la limpieza intensiva. Como cada año, los equipos municipales tuvieron que retirar restos de comida, botellas, plásticos, cenizas y material pirotécnico para devolver las playas al uso habitual durante el día festivo.
El metro funcionó de forma ininterrumpida durante la noche, facilitando la salida de quienes se acercaron al litoral sin coche. La línea 4 volvió a ser una de las más utilizadas por su conexión directa con la Barceloneta, Bogatell y otros puntos del frente marítimo.
El estreno de las cámaras deja una señal clara sobre cómo Barcelona gestiona sus grandes noches populares. Sant Joan sigue siendo una fiesta de playa, fuego y verano, pero la ciudad la afronta cada vez con más tecnología, más vigilancia y más coordinación para equilibrar celebración, seguridad y convivencia.