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Barcelona ya suma 91 tiendas de ropa de segunda mano y cambia sus hábitos de consumo

Comprar ropa de segunda mano ya forma parte del paisaje comercial de Barcelona. La ciudad cuenta con 91 establecimientos físicos especializados y ha convertido barrios como el Raval y Gràcia en algunos de los principales escaparates de una forma de consumo que mezcla ahorro, búsqueda de prendas singulares y preocupación ambiental.

Foto por Pressmaster / Shutterstock / FOTODOM
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Barcelona ya suma 91 tiendas de ropa de segunda mano y cambia sus hábitos de consumo

La cifra sitúa a Barcelona entre las ciudades europeas con mayor presencia de este tipo de comercios. Solo Londres, París, Roma, Berlín, Madrid y Viena aparecen por delante, mientras que dentro de España únicamente la capital supera el número de establecimientos barceloneses.

El cambio se nota especialmente en determinadas calles del centro y de Gràcia, donde las tiendas vintage y de segunda mano conviven ya con cadenas de moda, pequeños comercios y propuestas de diseño independiente. Para parte del público joven, entrar en estos locales ha dejado de ser una alternativa excepcional para convertirse en otra parada habitual cuando toca renovar el armario.

El precio ayuda, pero no explica por sí solo el fenómeno. Muchos compradores buscan piezas que ya no están disponibles en las colecciones actuales, prendas de determinadas marcas o ropa con una estética difícil de encontrar en las grandes cadenas. La Generación Z ha contribuido especialmente a normalizar esa mezcla entre reutilización y estilo propio.

Más de la mitad de los establecimientos analizados están vinculados además a entidades sociales. Redes como Moda re-, Humana, AERESS o Roba Amiga utilizan la recogida y venta de textil para alargar la vida útil de las prendas, reducir residuos y financiar proyectos sociales o de inserción laboral.

La propia experiencia de compra ha cambiado. Muchos establecimientos han abandonado la imagen de almacén desordenado y funcionan ahora como tiendas convencionales, con prendas clasificadas, escaparates cuidados y locales pensados para públicos que quizá hace unos años no se habrían planteado comprar ropa usada.

El mapa de 91 tiendas tampoco incluye todo el mercado. Quedan fuera plataformas digitales, intercambios entre particulares y mercadillos temporales, por lo que el peso real de la segunda mano en los hábitos de consumo es bastante más amplio que el que se observa únicamente contando escaparates.

El efecto se nota en calles donde una chaqueta puede empezar una segunda o tercera vida a pocos metros de una tienda de moda nueva. Barcelona incorpora así la reutilización al comercio cotidiano y convierte algo que durante años estuvo asociado al ahorro en una elección que también habla de estilo, residuos y de cuánto tiempo queremos que dure la ropa que compramos.

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Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID49648

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