La campaña “Poca vergonya” pone el foco en los dueños de perros. La normativa obliga a limpiar el orín con agua y prevé multas de hasta 300 euros por no recoger excrementos, una de las quejas más repetidas entre vecinos.
El problema va más allá de casos puntuales. La limpieza urbana supone un coste elevado y, aun así, la suciedad y los malos olores siguen presentes, especialmente en zonas con alta densidad y mucho paso de personas.
En la calle, la tensión crece. Vecinos que reclaman más civismo se enfrentan a actitudes poco colaborativas, lo que dificulta corregir conductas y genera conflictos en espacios compartidos.
El refuerzo coincide con una mayor presencia de campañas y controles. La intención es prevenir antes de sancionar, pero también dejar claro que ciertas actitudes ya no se toleran en el espacio público.
Para quienes viven o se mueven por la Barcelona, el impacto es directo: calles más limpias o más deterioradas dependen en gran parte de estos pequeños gestos cotidianos que marcan la convivencia.