Barcelona se prepara para un episodio de vientos fuertes desde esta tarde. Protección Civil activa la alerta VENTCAT. El riesgo afecta a la ciudad y su área metropolitana. Se esperan rachas que podrían alterar la vida urbana. El comité técnico evaluará la situación al mediodía.
El viento vuelve a poner en jaque a Barcelona. Desde las 19:00 de hoy y hasta la mañana del viernes, la ciudad y su entorno afrontan una nueva amenaza meteorológica que podría alterar la rutina de miles de personas. Protección Civil ha decidido activar la alerta del plan VENTCAT ante la previsión de rachas intensas, lo que implica un nivel de riesgo elevado para la movilidad, el mobiliario urbano y la seguridad en espacios públicos.
Según los datos de Meteocat, se esperan ráfagas que podrían alcanzar los 20 metros por segundo, situando el grado de peligro en cuatro sobre seis. Este escenario obliga a extremar precauciones, especialmente en zonas abiertas, parques y calles con arbolado. El recuerdo de los daños sufridos hace apenas una semana, cuando el viento causó estragos en equipamientos y servicios municipales, sigue muy presente entre los vecinos.
El comité técnico de emergencias se reunirá al mediodía en el CECAT para analizar la evolución de la situación y ajustar las medidas de prevención. La alerta afecta tanto a Barcelona como a los municipios del área metropolitana, donde se recomienda evitar desplazamientos innecesarios y asegurar objetos susceptibles de ser arrastrados por el viento.
El plan VENTCAT, activado en fase de alerta, implica la coordinación de diferentes servicios municipales y autonómicos para minimizar el impacto del temporal. La ciudadanía está llamada a seguir las indicaciones oficiales y mantenerse informada ante posibles cambios en la previsión.
El plan VENTCAT se ha convertido en una herramienta clave para anticipar y gestionar episodios de viento extremo en Cataluña. Su activación permite movilizar recursos de emergencia, coordinar a los cuerpos de seguridad y alertar a la población con antelación. En los últimos años, la frecuencia de estos fenómenos ha obligado a perfeccionar los protocolos y reforzar la comunicación con los ciudadanos, especialmente en grandes ciudades como Barcelona, donde el impacto puede ser especialmente severo en la vida diaria y la infraestructura urbana.