La exigencia es clara: instalar césped natural y mejorar las instalaciones para competir en la categoría. Sin esa actualización, ambos clubes tendrían que trasladarse a otros campos, algo que consideran inviable tanto a nivel económico como social.
Desde Barcelona en Comú se pide al Ayuntamiento una inversión de cinco millones de euros, similar a la destinada recientemente a la Fórmula 1. El debate gira en torno a qué modelo de ciudad priorizar: grandes eventos o el deporte de base.
Los clubes advierten de un impacto directo si se ven obligados a salir de sus barrios. Menos ingresos, pérdida de patrocinadores y desconexión con su afición son algunos de los riesgos que ponen sobre la mesa en plena cuenta atrás para la próxima temporada.
La presión política y social crece a medida que se acerca el inicio de la competición. La decisión que tome el Ayuntamiento marcará no solo el futuro de estos equipos, sino también el papel del deporte local en la vida de la ciudad.
Si vives en barrios como Gràcia o Sant Andreu, podrías perder parte del ambiente local que generan estos clubes cada fin de semana. También afecta a pequeños negocios, afición y vida comunitaria vinculada al fútbol de barrio. La decisión no es solo deportiva: impacta en cómo se vive el barrio y en qué tipo de ocio y actividad permanece cerca de casa.