El velódromo, inaugurado en 1984, fue diseñado con la posibilidad de incorporar una cubierta en el futuro, aunque nunca llegó a ejecutarse. Ahora, el contexto actual del ciclismo y la visibilidad que aporta el Tour han vuelto a poner sobre la mesa esta opción.
La propuesta no se limita a la estructura. También contempla la reurbanización del entorno, la mejora de accesos y la eliminación de elementos provisionales como la carpa actual. El objetivo es actualizar el espacio y aumentar su uso tanto deportivo como ciudadano.
El recinto sigue siendo un referente histórico. Su pista, diseñada por el especialista Herbert Schürmann, acogió competiciones internacionales y fue clave en la preparación olímpica de la ciudad. A día de hoy, mantiene ese valor simbólico dentro del deporte barcelonés.
La iniciativa abre un nuevo escenario sobre el futuro del equipamiento. La llegada del Tour actúa como catalizador para revisar el estado de instalaciones deportivas que llevan años pendientes de renovación.
La reforma puede mejorar accesos y uso del espacio, haciéndolo más activo durante todo el año. También puede atraer más eventos deportivos y actividad en la zona. A medio plazo, supone una revalorización del entorno y más presencia de público.
El proyecto está en fase de propuesta y dependerá de la decisión municipal en los próximos meses.