El Ayuntamiento de Barcelona eleva la tasa turística hasta 15 € por noche y persona. El incremento será progresivo hasta 2029. La medida promete un impacto directo en hoteles, pisos turísticos y cruceristas. El debate político y social está servido.
Quedarse a dormir en Barcelona será más caro que nunca: la tasa turística municipal subirá de forma escalonada hasta alcanzar los 15 € por persona y noche en los próximos años. El pleno del Ayuntamiento ha dado luz verde definitiva a este aumento, que afectará a quienes visiten la ciudad y pernocten en cualquier tipo de alojamiento.
La decisión, respaldada por PSC, ERC y BComú tras un acuerdo de última hora, marca un antes y un después en la política fiscal local. El recargo municipal, actualmente en 4 €, subirá un euro cada año hasta 2029. Así, en 2026 será de 5 €, en 2027 de 6, en 2028 de 7 y en 2029 alcanzará los 8 €. A esta cifra habrá que sumar el impuesto turístico de la Generalitat, que puede llegar a 7 € diarios, situando el coste total en el máximo histórico de 15 € por noche.
El alcalde Jaume Collboni defiende que este incremento permitirá que la actividad turística revierta más en la ciudad. Según sus cálculos, la recaudación anual podría aumentar en 100 millones de euros una vez se aplique la subida completa. Sin embargo, la medida no ha contado con el apoyo de Junts, PP ni Vox, que han votado en contra y advierten de posibles efectos negativos en el sector.
El primer aumento se notará ya en abril, cuando el recargo municipal suba un euro, pendiente aún del visto bueno del Parlament. Los importes variarán según el tipo de alojamiento: quienes se alojen en hoteles de cinco estrellas pagarán 12 € por noche, en hoteles de cuatro estrellas 8,4 €, en pisos turísticos 9,5 € y en otros establecimientos 7 €. Los cruceristas también verán incrementada la tasa, con tarifas de 9 € para estancias superiores a 12 horas y 11 € para las más breves.
El debate sobre el impacto de esta subida ya está en la calle. El sector turístico catalán ha mostrado su rechazo y alerta sobre las posibles consecuencias para la competitividad de Barcelona como destino. Mientras tanto, residentes y visitantes se preparan para una nueva etapa en la relación de la ciudad con el turismo.
La tasa turística en Barcelona nació como una herramienta para compensar el impacto del turismo masivo en la vida urbana. Desde su implantación, ha ido evolucionando en función de la presión turística y las necesidades de financiación municipal. El recargo municipal, gestionado directamente por el Ayuntamiento, se suma al impuesto autonómico y permite destinar recursos a limpieza, seguridad y mejora del espacio público. El debate sobre su cuantía y destino es recurrente, reflejando la tensión entre el atractivo internacional de la ciudad y la calidad de vida de sus barrios.