El invierno más lluvioso en décadas sorprende a Barcelona. Las previsiones no anuncian tregua inmediata. El paso constante de borrascas condiciona la vida urbana. ¿Hasta cuándo durará esta situación? Descubre qué dicen los mapas y cómo puede afectar a tus planes.
Salir a la calle en Barcelona se ha convertido en un reto diario para quienes intentan esquivar la lluvia. Desde diciembre, la ciudad vive un invierno insólito, con jornadas marcadas por precipitaciones casi constantes y cambios bruscos de temperatura. El paraguas se ha vuelto imprescindible y la pregunta se repite en cada conversación: ¿cuándo dejará de llover?
El origen de este escenario está en la sucesión de borrascas atlánticas que, una tras otra, han ido cruzando la península. La reciente borrasca Harry trajo lluvias intensas y, tras su paso, el ritmo no ha frenado. Ingrid dejó nieve en buena parte de Cataluña y una granizada inesperada en Barcelona. Ahora, los frentes asociados a Joseph y Kristin mantienen la atmósfera en permanente agitación, con vientos cambiantes y temperaturas que suben y bajan en cuestión de horas.
La clave de este patrón está en un anticiclón persistente sobre Escandinavia, que bloquea el avance de las borrascas hacia el norte y las desvía hacia el sur de Europa. El anticiclón de las Azores, por su parte, regula el flujo y permite que las perturbaciones sigan llegando a la ciudad. El resultado: una meteorología imprevisible, con episodios de viento y lluvias que alteran la rutina de barrios enteros.
Las previsiones a corto y medio plazo no traen buenas noticias para quienes esperan una pausa. Los modelos meteorológicos apuntan a que la circulación de borrascas continuará, al menos, durante diez o quince días más. En Barcelona, la lluvia será en general débil, pero persistente, y se alternará con rachas de viento de poniente y mestral. Entre el 2 y el 3 de febrero, la llegada de aire frío en altura podría intensificar las precipitaciones y extenderlas a más zonas de Cataluña.
Los mapas de anomalía de precipitación del modelo europeo ECMWF refuerzan esta tendencia: se espera más lluvia de lo habitual en la península, especialmente en el oeste, durante las próximas semanas. Aunque el patrón podría suavizarse a partir de mediados de febrero, la inestabilidad seguirá presente y no se prevé un cambio radical en el tiempo.
El modelo estacional de la agencia estadounidense NOAA también anticipa un febrero especialmente húmedo en el oeste peninsular, mientras que en Cataluña las precipitaciones se mantendrán cerca de la media climática. Para Barcelona, esto significa que la ciudad seguirá bajo la influencia de frentes atlánticos, con lluvias intermitentes y temperaturas variables.
En este contexto, la vida urbana se adapta: los planes al aire libre se posponen, el tráfico se complica y la agenda cultural se reinventa bajo techo. La pregunta sobre cuándo volverá el sol sigue sin respuesta clara, pero los mapas insisten: la lluvia aún tiene cuerda para rato.
Las borrascas atlánticas, protagonistas de este invierno, son sistemas de baja presión que se forman sobre el océano y avanzan hacia Europa impulsadas por la corriente en chorro. Su paso suele traer lluvias, viento y cambios bruscos de temperatura. En años normales, su frecuencia es menor, pero en ocasiones como la actual, pueden encadenarse durante semanas y transformar por completo el clima de ciudades como Barcelona. Esta sucesión de frentes no solo afecta al día a día, sino que también condiciona la gestión del agua, la movilidad y la planificación de eventos urbanos.